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¡Academia San Alejandro cumplió 200 años!
30January
Artículo

¡Academia San Alejandro cumplió 200 años!

Por: Toni Piñera / Fotos: Cortesía Archivos de la Academia

Un santuario del Arte Cubano

Rastreando en los archivos de la otrora Escuela Gratuita de Dibujo y Pintura de La Habana, nombre con que se bautizó en sus inicios allá por el 1818, podemos encontrar la materia prima, un valioso material de memorias y recuerdos, para una larga y hermosa novela de la historia, de la cultura, el arte, la política y la vida social de Cuba en dos siglos.

La Academia Nacional de Bellas Artes de San Alejandro acaba de cumplir el 12 de enero, sus primeros 200 años. Allí sigue creciendo el arte en todas sus dimensiones. Esa escuela sigue manteniendo la tradición, pero de la mano de una brújula que siempre la ha acompañado dirigiendo su mirada hacia el futuro.

Como si viviéramos en una máquina del tiempo, una simple mirada a los antiguos materiales nos regala emociones sin par. En el registro de alumnos, libro primero (309), y con el expediente 167 se observa una inscripción: D. José Martí Pérez, natural de La Habana, de 14 años de edad. Ingresó en la clase de Dibujo Elemental en 15 de septiembre de 1867… En el curso académico de 1922 a 1923, con el número de orden 160, otro nombre grande: Pablo de la Torriente y Brau, natural de San Juan, provincia de Puerto Rico, de 20 años de edad, vecino de la calle de San Rafael número 151 en esta capital, solicita matricularse en las asignaturas que a  continuación se expresan: Dibujo Elemental, Habana, 22 de septiembre de 1922. También aparece en ese tesoro de papel el Comandante Camilo Cienfuegos…

 

 Un autorretrato de José Martí quien fue también alumno en San Alejandro por poco tiempo
Un autorretrato de José Martí quien fue también alumno en San Alejandro por poco tiempo

 

Muchos son los nombres sobresalientes en cualquier esfera de la vida cubana, que pasaron alguna vez por sus aulas. Es la historia del arte académico, pero también de la vida política, social y cultural cubana de una época inmensa. Allí respiran otros valiosos documentos, como testimonios de hombres que lucharon en los ejércitos independentistas que fueron expulsados de las aulas, y otros contra la tiranía batistiana, en nuestra más cercana gesta revolucionaria. Porque allí, entre el arte y el estudio, siempre se mantuvo viva la llama libertaria.

Hoy, la Academia de San Alejandro está situada en uno de los edificios que circundan el obelisco dedicado a la memoria de Carlos J. Finlay, en Marianao, a la entrada de la Ciudad Escolar Libertad, adonde fue trasladada en los primeros años de la Revolución (1962). Atrás, en los recuerdos, está aquel 12 de enero de 1818 cuando en el Convento de San Agustín (Teniente Rey y Aguiar, La Habana Vieja) se abrió la Escuela Gratuita de Dibujo y Pintura de La Habana, de la que se hizo cargo la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Desde ese año y durante tres lustros fue su director el artista francés Jean Baptiste Vermay (1748-1825), quien se había formado en el taller de Jean Jacques David, figura cimera del neoclasicismo francés. Él fue recomendando por el famoso Francisco Goya y el Duque de Orleans. A Vermay se le reconoce por ser el iniciador de los estudios académicos de las artes plásticas y del aprendizaje mediante talleres para la enseñanza en Cuba. Además de que fue el creador del primer curso nocturno o de trabajadores, algo que se mantuvo ininterrumpido hasta el pasado año.

 

Jean Bautista Vermay
 Jean Baptiste Vermay, primer director de la Academia de San Alejandro

 

Como homenaje al director de la Real Sociedad Económica, Alejandro Ramírez, también Intendente General de Hacienda, quien junto con el obispo habanero Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa habían fundado la Escuela, desde el año 1832 lleva el nombre de su principal mecenas. En 1856 pasa a ocupar los espacios de la casa de Dragones 308, en Centro Habana. Durante años, la vieja casona ve el desfile de directores franceses, españoles e italianos, hasta que en 1878 toma las riendas Miguel Melero y Rodríguez, convirtiéndose en el primer director cubano. A partir de entonces y hasta nuestra fecha todos los directores han sido cubanos. Melero renovó con sus métodos la enseñanza artística, y entre otras medidas, se le reconoce por abrir los estudios al sexo femenino que estuvo siempre relegado de la enseñanza oficial del arte, encontrando un lugar donde desarrollar su necesidad de expresión. Se le debe a él, el hecho de introducir en los cursos el color, como un elemento de cubanía.

Por décadas fue la única institución de su tipo en la Isla, y tanto durante la época de la Colonia como de la República vio acrecentar su prestigio, pues se comprueba que un gran número de personalidades del arte se forma en sus aulas, algunos de ellos fueron después profesores y directores de la Academia. Entre otros se pueden nombrar: Joseph Leclerc (inició clases de modelado en 1848); Federico Miahle –paisajista y científico italiano) ocupó la dirección en 1850, siendo quien reafirmó el tema del paisaje en la pintura cubana del XIX; Leopoldo Romañach y Armando Menocal, acercaron nuevos conceptos en la enseñanza en los albores del XX, Esteban Valderrama –retratista y pedagogo-, Enrique Caravia, Florencio Gelabert, y Carmelo González, quien hacia 1957 fundó allí la Asociación de Grabadores de Cuba, amén de ampliar la enseñanza al incorporar la xilografía (grabado en madera) y la calcografía (grabado en metal) en los cursos.

Un centro renovador y revolucionario

Revisando los documentos que cuenta su historia, la Academia San Alejandro ha sido siempre y hasta la fecha un lugar donde han surgido movimientos renovadores. Por aulas y talleres han dejado su impronta a lo largo de sus casi doscientos años de vida, figuras cimeras de las artes plásticas, pero también de otras ramas del arte, la política y la vida social cubana, desde el Apóstol pasando por Carlos Baliño, Fermín Valdés Domínguez, René Méndez Capote, Eduardo Chibás, Flavio Grobart, Vicente Revuelta, Abel Prieto y Silvio Rodríguez, entre muchos otros. Firmas claves de la pintura cubana de todas las épocas pasaron por San Alejandro. La lista sería interminable.

Generaciones de artistas y movimientos han visto la luz a lo largo de este tiempo. Entre otros, podemos mencionar que en el siglo XIX se inicia la Escuela de Paisajismo llevada de la mano por artistas de la talla de Esteban Chartrand, Valentín Sanz Carta y Eduardo Collazo, que después continuarían en el XX Armando García Menocal, Leopoldo Romañach y Domingo Ramos, entre otros. El modernismo escultórico tuvo su cuna en San Alejandro, con figuras como José Sicre, Agustín Cárdenas, Teodoro Ramos Blanco, Rita Longa y Florencio Gelabert.

Por los archivos, se observa la composición del alumnado que fue siempre predominantemente obrera y humilde. De ahí que San Alejandro fuera un lugar de luchas. Aunque en el estallido de la Guerra de Independencia, la escuela no tomó partido directo, ya que como institución le era imposible suscribirse a las ideas de libertad, ello no impidió que muchos alumnos y profesores tomaran el camino de la manigua o la emigración para dar respuesta a las contradicciones existentes. En sus aulas vibró el fermento revolucionario. Hubo luchas por transformar también la enseñanza y los estrechos moldes académicos impuestos, relacionándose este combate con la renovación de las artes, y la idea de modernidad y cultura nacional.

Después de 1959, y en la nueva edificación que la acoge, la Academia de Bellas Artes de San Alejandro se acerca más a la vida cultural y social de nuestro país, reafirmando sus vínculos con la comunidad, revisando los planes de estudio y participando de lleno en todas las tareas de la revolución. Se transforma en Centro Metodológico Nacional, y es referencia para la ejecución/renovación de nuevos planes de estudio de la enseñanza de las artes pláticas. Se desarrollan allí nuevos conceptos artísticos, algo que impulsa una mayor presencia del estudiantado en el ámbito cultural. Entre otros se crearon en San Alejandro, los grupos Arte Calle y Puré.

La Escuela ha trabajado mancomunadamente en proyectos sociales de la ciudad, en la confección de murales, carteles y afiches para la tribuna antiimperialista, la Escuela de Instructores de Arte y otros actos de masas, y deja su impronta en otras instituciones culturales, así como en proyectos como la Bienal de La Habana, Ferias Internacionales del Libro de Guadalajara (México) y La Habana, jornadas de Diseño de la Casa de las Américas y Salones de Arte Digital… Ha sido subsede de encuentros como el salón de Invierno, Académica, Salones cubanos de arte contemporáneo, y tiene un fuerte trabajo de extensión cultural, como proyectos de intercambio con escuelas de Estocolmo, Londres, e Italia, además de funcionar como sede de la Cátedra Latinoamericana de Artes Plásticas.

Las paredes de San Alejandro han sido siempre espacios creativos, pizarras del futuro, murales del presente donde se muestran y crean obras, en las disímiles especialidades que habitan en sus aulas. Ahí vibra el valor de la Escuela, de una Academia que ha dejado huellas a lo largo de su historia en el arte cubano, y que en las últimas décadas ha regalado proyectos y firmas que se proyectan en la vanguardia del momento, se multiplican las visiones expuestas. Hablamos de rigor a la hora de trabajar y también de exponer.

Dirigida actualmente por el joven escultor Lesmes Larroza, y secundada por un conjunto de profesores, integrado mayoritariamente por artistas en pleno ejercicio, San Alejandro mantiene su aliento renovador en su Bicentenario, siendo una de las instituciones más antiguas y prestigiosas de nuestra área geográfica. Ha vivido ya 195 años, y vivirá muchos más porque ha asumido desde el principio la necesidad de transformarse, de ajustarse a los nuevos tiempos. En sus ladrillos, construidos con los sentimientos y el amor de los hombres que la han guiado en el tiempo se respira la historia de Cuba.