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El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano desde hace casi cuarenta años reúne ecuménicamente en la capital cubana a todos los que hacen del audiovisual un medio de expresión y de resistencia.

Por: Jorge Fernández Era

El 39 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano fue inaugurado en el teatro Karl Marx de La Habana con la exhibición del filme brasileño O filme da minha vida (La película de mi vida), del realizador y actor Selton Mello, quien, además de interpretar un papel en el filme, escribió el guion a partir de la novela Un padre de película, del chileno Antonio Skármeta.

La película de mi vida se erige desde ya en fuerte candidata al Premio Coral de largometraje. El filme es mucho más que la simple historia de un joven que se enfrenta a la ausencia de su padre y busca en el amor y el cine sus grandes razones para vivir. Este redactor, que viene siguiendo al evento desde sus años fundacionales —ha sido el festival de mi vida—, vio pocas veces en la última década un producto audiovisual tan sólido en argumento, fotografía, actuaciones y dirección, capaz de competir con lo más relevante de la cinematografía mundial. Puede que estemos ante la cinta que marque la madurez de un cineasta que no es nuevo en estas lides, y que ya obtuviera un Premio Coral en el año 2001 por su actuación en el filme A la izquierda del padre.

Mi entusiasmo no es gratuito. Otros hechos relevantes tuvieron lugar en la noche inaugural de uno de los eventos culturales más populares de la Isla, pero por la innegable calidad de la película seleccionada para abrir, y porque en definitiva es el cine la razón de ser del Festival, dejé para un tercer párrafo mencionar que la Gala fue noche de lujo que contó con la interpretación de una selección de danzones por la Camerata Romeu, dirigida por Zenaida Romeu y acompañada al piano por Alejandro Falcón. Asimismo, en esta velada en la que estuvo presente la revista Arte por Excelencias, se hizo entrega del Coral de Honor al director brasileño Carlos Diegues, a quien le debemos filmes antológicos como Bye Bye Brasil y Orfeo. Desde la distancia y a través del video, Diegues agradeció a los organizadores este reconocimiento y subrayó lo que ha representado Cuba para su obra y su propia vida.

La importancia de un encuentro como este, que desde hace casi cuarenta años reúne ecuménicamente en la capital cubana a todos los que hacen del audiovisual un medio de expresión y de resistencia, fue destacada por el presidente del Comité Organizador, Iván Giroud, en sus palabras inaugurales: «Uno de los objetivos esenciales que nos corresponde enfrentar ante la invasión de tanta chatarra que se consume a diario en la multiplicidad de las pantallas que hoy por hoy rigen nuestra vida es proponer y sostener una programación de altísima calidad que busque, estimule y encuentre al espectador inteligente, que contribuya a formarlo, que lo multiplique, que escape de la banalidad y de las simplificaciones, que no tema al entretenimiento siempre que no se preste a la desmovilización del intelecto».

La película de mi vida es —¡vaya insistencia!— una buena arrancada en ese empeño.