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Crónicas visuales de Leandro Soto
12March
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Crónicas visuales de Leandro Soto

Por: Liliana Molina Carbonell

Un diario de viajes puede asumir múltiples formas: desde una selección de fotografías o una compilación de textos, hasta una experiencia de vida comunicada a través del audiovisual, las artes plásticas o la música. Hay tantas posibilidades como individuos. Y el resultado, por consiguiente, también suele ser un universo plural; del mismo modo que casi siempre ocurre con las motivaciones que impulsan al desplazamiento, o con las rutas y territorios que se exploran en ese itinerario.

La exposición Crónicas visuales, del artista, profesor e iniciador del performance en Cuba, Leandro Soto, apunta a que un diario de viajes puede ser, además, una indagación antropológica. O bien un proceso de búsqueda en la memoria cultural de diversas comunidades, a partir de perspectivas ecuménicas sobre las relaciones humanas y sus modos de expresión.

Cada uno define sus propias coordenadas, y en este caso, todas las señales sugieren que estamos ante una obra deliberadamente etnográfica. Aunque en realidad, ese constituye el sustrato de más de tres décadas de trayectoria creativa, resumidas ahora en una selección que apela a la cartografía personal que ha ido definiendo el artista.

“Soto se encamina a las fuentes originarias, a las regiones donde tradiciones vivas se engarzan con un ineludible presente, suministrándole concepciones, manufacturas, técnicas, materiales, producciones y objetos que alimentan directamente estas crónicas”, señaló la curadora Corina Matamoros durante la inauguración de la muestra, que hasta el próximo 14 de mayo podrá apreciarse en el Edificio de Arte Cubano, del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA).

Más que las divergencias entre elementos culturales y religiosos —destacó—, su obra revela un interés expreso por acercarse a circunstancias coincidentes, a partir del estudio de comportamientos sociales, técnicas artísticas, experiencias pedagógicas y creaciones pluridisciplinares, que remiten a su trayectoria por diferentes países.

Ecuador, Perú, Estados Unidos, México, Panamá, Barbados… conviven en los testimonios visuales de Leandro Soto, configurando una geografía mixta. Así, los nexos entre lo manifiesto y lo oculto, lo sagrado y lo profano, los reconocidos centros hegemónicos de poder y las llamadas “periferias”, lo popular y lo culto, adquieren la universalidad que les aportan no solo estos diversos escenarios, sino una visión entrenada para saber mirar en contextos tan disímiles.

Cuando pareciera que existen brechas infranqueables para el diálogo intercultural, el artista antepone una cosmovisión que tiene al hombre y la identidad como centro. Desde ese horizonte conceptual, alude entonces a la simbología y a la mixtura de interpretaciones, tanto como a la participación del espectador para completar sentidos y aportar nuevos signficados.

La pluralidad de formatos y soportes acentúa esa gramática visual heterogénea. Existen interconexiones evidentes  —y otras que tal vez no lo sean tanto— en ese paisaje multicultural que propone la expo; pero más que acentuar esos vínculos, las combinaciones y sinergias en el modo de representación delimitan una poética creativa asida a transmutaciones sistemáticas. Una poética que también podríamos llamar de la memoria, y con la cual Leandro Soto indaga asimismo en su sensibilidad trashumante.

Como aseguró durante la inauguración, estas crónicas hablan por sí mismas. Aun así, el diálogo siempre puede develar nuevos cauces,  por lo que el próximo viernes 16 de marzo, a las 2 de la tarde, tendrá lugar en la Sala de Audiovisuales del MNBA, un conversatorio con el artista y luego un recorrido por la muestra, que de seguro confirmará lo que ya sabemos: un diario de viajes puede ser, a la vez, una poderosa experiencia individual y colectiva.