Pasar al contenido principal
La radio de Eusebio
13January
Noticias

La radio de Eusebio

Por Jorge Fernández Era

Hablaron muchas personas esa mañana en la Casa de México de La Habana Vieja. Todas quisieron decir algo a propósito del aniversario 19 de Habana Radio, la emisora de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Pero allí estaba este último, y es sabido que cuando Eusebio Leal Spengler toma la palabra todo se detiene, y hay que quitarse el sombrero:

El próximo año es el aniversario quinientos de La Habana, de lo cual casi nadie habla. Aprovecho para, como debe hacer todo el mundo, hablar, pensar, sentir mi ciudad. Esos quinientos años incluyen el discurso, la palabra de Habana Radio a través de la multiplicidad de sus programas, de sus funciones, este espíritu multidireccional que ha abierto sus puertas fundamentalmente al discurso patrimonial, que no podía ser de ninguna manera el de La Habana, sino también el de todas las ciudades patrimoniales de Cuba.

Magda recordó que fue en aquel Congreso de la Uneac donde se amplió, gracias a la voluntad de Fidel, la posibilidad de llegar —ahora mismo lo estamos haciendo— a ser escuchados en Baracoa, en todos los confines de Cuba, uniendo a las ciudades patrimoniales, haciéndolas partícipes de la experiencia de la restauración y aprendiendo nosotros de ellas y de lo que han sido capaces de hacer en distintos lugares, cada una con su seña de identidad, con su carácter.

En esos viajes necesarios a los Estados Unidos para promover y lograr, después de muchos años, la reproducción fiel y exacta del monumento de José Martí que debió inaugurarse el 10 de octubre de 1959, y que está colocado en el Parque Central de Nueva York, Magda estuvo conmigo, y agradezco mucho a ella, como hija mía, como amiga, por todo lo que hizo en función de lograr ese gran objetivo.

Durante semanas me atormentaron varias personas con el hecho de que en la base del monumento había una falta de ortografía, cosa que era propia de la traducción al castellano en el trabajo de colocación de los pilares. Ya está subsanado; cuando se llega allí, parece que no ocurrió absolutamente nada. Pero esas llamadas de atención, esos correos, esos pequeños castigos que me hicieron, me sirvieron para pensar que lo maravilloso, lo extraordinario, fue reunir a las personas que aportaron centavo a centavo para hacer posible lo imposible: pasar por el ojo de una aguja, por todos los permisos y no permisos, por todas las aprobaciones para finalmente una mañana ser sorprendido en el Mariel con aquella caja de acero inmensa, abierta, donde venía la figura ecuestre de Martí, quizás la obra más inspirada, porque es la que representa el sacrificio, el amor, la serenidad, la trascendencia de cuando hay algo que decir más allá de la figura.

El monumento ya está colocado, y el próximo 28 de enero será abierto al público, pero también Habana Radio se hará eco de la apertura, a partir del 1ro. de marzo, de las grandes salas del Capitolio Nacional restauradas. Se podrá acceder al Salón de los Pasos Perdidos, al gran Hemiciclo de la Cámara de Representantes, y a las salas que han conservado su nombre: Guáimaro, Jimaguayú, Baraguá, hasta llegar a la gran Biblioteca José Martí, a la escalinata mayor, a los jardines.

Durante más de veinte años no he tenido noticias de personas viendo y admirando lo que por tanto tiempo estuvo cerrado. Quiero advertir que ha sido una obra colosal, porque es más trabajoso restaurar que crear: restaurar es una obra anónima que nos ha costado sacrificio, esfuerzo y, por qué no, también sangre, porque perdimos a un joven obrero trabajando allá arriba en el desafiante espacio de la cúpula, a casi cien metros de altura. Cuando llueve hay que parar el trabajo, cuando hay viento no se puede subir a una cúpula que, castigada por los rayos, sufrió daños estructurales, y ha sido necesario reconstruirla.

Me preguntan: ¿por qué esta y no otras obras? Un momento: en la misma calle está reconstruido el teatro, y qué cosa tan importante es el teatro. Para asistir a un partido de pelota o una pelea de boxeo en una gran ciudad hacen falta tres mil dólares o más, y, sin embargo, los cubanos accedemos al Gran Teatro a ver espectáculos maravillosos.

Recuerdo cuando se compró el piano de la Basílica. La Oficina del Historiador pudo regalar un piano igual a otra institución de la cultura. Se llevó a Hamburgo al Maestro Frank Fernández para comprarlos. Los cubanos nunca los pagaremos con lo que pagamos por ese concierto al que vamos a asistir, que es una pequeña contribución a esa ciudad a la que debemos amar.

Se hablaba hace un momento del Centro de Adolescentes. Vayan, vean eso, en el corazón de los parques más distinguidos de La Habana, algo así como lo que han hecho los maestros, el ceramista y el pintor, en el parque que reconstruyeron. El mismo día en que se inauguraba ese Centro de Adolescentes, dotado de las más modernas tecnologías, se entregaban ochenta y nueve viviendas dignas a familias del entorno de La Habana Vieja. Multiplicadas cada una de ellas por tres o cuatro personas, ochenta y nueve viviendas crean un pueblo en ese lugar, donde hay también un Hogar de Ancianos donde tuve el placer de visitar a una de las tantas colaboradoras de la Oficina del Historiador y que ha cumplido 103 años; me refiero a la gran pedagoga Haydé Arteaga. Nos pidió que viéramos su pequeña habitación. Junto a sus premios, todos los libros, los cuales han forjado su maravillosa capacidad de enseñar.

Los sofistas podrán decir: ¿por qué tanto? Se va a cubrir con láminas de oro la cúpula del Capitolio y se volverán e encender las lámparas el próximo año, con motivo del aniversario quinientos. Y en la misma calle estamos terminando el colegio de Rafael María de Mendive, el más bello, en el propio edificio donde vivió el maestro, donde tuvo sus alumnos. ¿Qué cosa era?: el taller de una empresa, amnesia cultural, y hasta moral. ¿Qué será ahora?: una escuela primaria, centro juvenil.

Obras como esa y el Teatro Martí sacado de sus ruinas serán el único contrapeso posible para una Isla que, necesariamente, para alcanzar la prosperidad y el desarrollo, se tiene que abrir al mundo, y tienen que venir personas de todas partes, y yo me alegro de que vengan. En este momento la relación porcentual es de cuatro contra once, es decir, once millones de habitantes contra cuatro millones de turistas. ¿Y qué vamos a hacer?: ¿vamos a poner un policía detrás de cada uno? No. Lo único que puede compensar eso y convertirlo en diálogo fecundo de los que viven en una isla y aspiran a dialogar en todas las lenguas posibles, es la cultura.

La única armadura digna es la cultura. No hay otra cosa que no sea eso: la cultura y las ideas. Haber logrado que regresen al Centro Histórico a partir de la restauración las instituciones cabeza del Estado: el Tribunal Supremo y la Asamblea Nacional; que las instituciones de la cultura estén aquí; que tengamos un centro interactivo tan importante en el Palacio del Segundo Cabo o un museo tan maravilloso como el de Astronomía en la propia calle Compostela, o esa gran exposición del Castillo de la Fuerza de lo que se rescató en todos estos años del fondo del mar y allí está expuesto… Hubo un impertinente que dijo: no, esto no es de ustedes, esto es de la bandera que llevaba el barco. Y yo le respondí: cuando se hundió el barco llevaba la bandera que fue nuestra hasta el 31 de diciembre de 1899; por tanto: todo está ahí porque es de todos, tan sencillo como eso.

Restaurar, perseverar, luchar contra esos males que no ocultan un país y su gente, esos males que no nos ayudan: la grosería, la mala educación, tirar las latas desde los automóviles, los basureros en las esquinas, la falta de respeto… Contra eso tenemos que luchar. Alfredo Guevara solía decir que la sociedad requiere un refinamiento, y es verdad. ¿Por qué yo tengo que resignarme a la vulgaridad, al escándalo, a la grosería, a las malas palabras…? Pero eso no lo vamos a lograr con un discurso que sea absolutamente increíble para la multitud, insoportable para los jóvenes, que son en gran medida víctimas de su propio medio. Tenemos que prohijar las luces, encender lámparas en la noche oscura…

Habana Radio ha sido entonces una pequeña llama. Se inauguró hace diecinueve años, un 28 de enero, en homenaje a José Martí, en un acto de absoluta convicción, y fue llamada para eso una muchachita, periodista, la actual doctora Magda Resik. Y fue la que llevó adelante el proyecto, con responsabilidad, con seriedad. Y la emisora ha crecido como ha crecido ella.