Valoraciones

DCC: un espectáculo subyugante

07/02/2017

Por: Toni Piñera

 

A Danza Contemporánea de Cuba le bastaron cuatro obras para hechizar al público que colmó, el pasado fin de semana, la sala García Lorca del GTH Alicia Alonso, en la primera presentación de este año 2017.

 

No es fácil conjugar factores, ideas y expresarlas teatralmente, moverse y trasmitir lo que se quiere, llegar al clímax de la situación y corresponder con las exigencias y el rigor que se persiguen. De momento, la compañía, en esta temporada, ha puesto sobre el tapete, una vez más, su clase, su pujanza como conjunto ya formado, con una historia y un aval cubano e internacional, con perspectivas muy prometedoras en sus noveles y electrizantes elencos que siguen predecesores, por suerte y a pesar de todo, para los amantes de la danza. Y volvió a demostrar, con creces, su condición veterana, su pujanza como colectivo ya formado, con el pie seguro en el estribo y perspectivas muy prometedoras, de la mano de un elenco que sigue latiendo al ritmo de sus predecesores, por suerte, para todos los amantes de la danza.  

 

La preparación básica de los bailarines resulta un buen arranque que permite especular en la creación coreográfica, y DCC tiene ya casi seis décadas de tradición formadora. Eso se nota en cuanto salen al  escenario, sin olvidar ese magnetismo propio del grupo, inspirador e inspirado, sustentado por la técnica que aderezan con una energía ilimitada que rompe barreras físicas y de pensamientos.

 

Reversible, de la coreógrafa belga/colombiana, Annabelle López Ochoa, es un fértil campo en el que emerge el juego de la vida, donde se expresan,  gestos/acciones mediante, muchas cosas que preocupan al ser humano, y donde podemos respirar esa fuerza salvaje del espacio. Un baile por momentos enérgico, es guiado por un collage sonoro para cada fragmento que encuentra en el montaje la fuerza correspondiente. Mientras que las luces y el vestuario contribuyen apelando a soluciones tradicionales que contrastan con las intenciones de novedad interpretativa. Y lo principal es que denota un saber plantear ideas por medio del cuerpo, con la formulación de las dinámicas y los fraseos pertinentes para sacudir al espectador, compulsionándolo a sentir con el pensamiento también.

 

Desde los más intrincados vericuetos de lo interno humano y sus situaciones, emerge la subyugante pieza del joven creador Julio César Iglesias: Las paredes se van que ha ido esculpiendo/limpiando, para bien, con el decursar del tiempo. Cargada de sutilezas –danzarias y de ideas-, el coreógrafo juega con el espacio/mente, y vislumbra el desarrollo de un código propio que explota el sentido dramático en los bailarines quienes han captado el decir de Iglesias. En la obra abunda la dinámica y ese detalle explorador en los gestos, porque, sin dudas, enfrentan una dramaturgia abierta a muchos significados. Acción-pensamientos-silencios se reúnen en una obra que trasciende lo puramente danzario y busca más allá, la acción teatral como un susurro…

 

El segundo programa de ese week-end apareció con The listening Room. Pieza original, diferente, de nuestro tiempo, firmada por el coreógrafo/diseñador Theo Clinkard, que fue el resultado del proyecto Islas Creativas con el British Council. La libertad de imaginar, crear y  poder sentir/danzar al ritmo de cada uno es el referente de esta pieza, donde los bailarines (20) escuchan en un mp3 diferentes músicas y se mueven ¿a su aire?… Por momentos, el auditorio deambula en el silencio, y como único sonido las pisadas en la escena, en otras aparece una música reiterativa: Variations for vive, piano, and strings, de Peter Reich que da claves para seguir en la cuerda artística del coreógrafo, que respira la fuerza salvaje del espacio, donde a través de inciertas sugestiones y frases hechas con el cuerpo, los bailarines se sienten y mueven a sus anchas.

 

Matria etnocentra, de George Céspedes es una obra que atrapa al espectador en sus redes creativas desde el primer instante. Arrolladora, vital, subyugante. Como espectáculo va a al encuentro de temáticas ambiciosas, de perspectivas en que se funde lo simbólico con la cantidad de intérpretes en la escena, va en la búsqueda de una línea numérica para atrapar al espectador y conmoverlo. El término danza adquiere aquí una trascendente connotación: es fuerza viva, perfección, energía sin par, cadencia, ritmo… Y su autor, deviene aquí un perfecto diseñador de espacios/movimientos y es tan certero como para obligar a que las acciones, actos, personajes, se introduzcan en nuestros ojos/alma. Las interminables ovaciones, gritos de ¡bravo! evidencian la calidad de lo visto.