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El sol llora por las abejas
16February

El sol llora por las abejas

Por Jorge Fernández Era

Desde el siglo pasado, han sido muchos los artistas que se han planteado crear conciencia sobre el daño infringido por el ser humano sobre el medio ambiente. Los años setenta fueron claves en ello, al surgir movimientos como el land art, que intentó construir puentes entre arte y naturaleza. De esa corriente se derivó en los últimos años otra, conocida como ecoart o arte ecológico. Esta última ya no solo se centra en la creación de piezas artísticas, sino que trata de influir en comunidades, sitios naturales e históricos y hasta grandes centros urbanos con iniciativas que se proponen cambiar la relación con el entorno natural.

En una feria de tan amplio diapasón como Zona Maco, recién clausurada en el centro de convenciones Citibanamex de la Ciudad de México, no podían faltan estas corrientes.

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De ahí que en cualquiera de los recorridos que el visitante se planteara se iba a topar con no pocos exponentes de ese arte que llama a la cordura. Y fue precisamente en uno de los espacios menos privilegiados de la Feria en donde encontré el proyecto de este tipo que más llamó mi atención: el nombrado Lágrimas del sol, del artista mexicano Carlos García-Noriega Bueno. Dicho así, es imposible imaginar que la intervención que realiza en la naturaleza tiene que ver con esos insectos laboriosos que son las abejas. Pero si nos remitimos a la información que gentilmente nos brindó Mercedes Gómez, una de sus más entusiastas promotoras, descubriremos entonces por dónde viene la cosa:

«La cera de las abejas comienza a acumularse poco a poco en formas hexagonales. Es la proporción del seis la que regirá la forma de sus hogares. A través de milenios, las abejas desarrollaron un sistema de construcción hexagonal que optimiza el espacio de tal manera que almacena la mayor cantidad de miel y utiliza la menor cantidad de cera. Como homenaje a este insecto, Carlos García-Noriega Bueno produjo tres esculturas, Lágrimas del sol, diseñadas bajo la proporción del seis. Algunas de sus caras están cubiertas de cera de abeja, dándole el particular color y textura de un panal. De igual manera, la soldadura de las esculturas está hecha de manera punteada, para así hablar de la fragilidad de las abejas y en la de la especie humana. Durante un semestre, las esculturas de Lágrimas del sol vivieron la compañía de tres colmenas con aproximadamente treinta mil abejas, las cuales produjeron sus panales, transportaron polen y volaron cada día después del amanecer alrededor de las esculturas, dejando algo de sí en cada una. La polinización de las abejas permite la reproducción de flores, frutos y semillas que son parte de nuestra alimentación diaria, pero hoy son una especie en peligro de extinción. Lágrimas del sol busca generar una reflexión sobre el hombre y su posición ante la naturaleza a través de la experiencia estética».

Carlos García Noriega Bueno (Ciudad de México, 1983) es un arquitecto formado en Melbourne, Australia. Desde su incursión en la escultura ha basado su obra en la exploración de formas y proporciones divorciadas de la funcionalidad arquitectónica. Ha expuesto en Nueva York y en varias ciudades mexicanas.

El proyecto Lágrimas del sol ha sido posible por el apoyo de Efecto Colmena, una asociación civil que busca hacer conciencia sobre la importancia de las abejas para el ecosistema y para la seguridad alimentaria, además de proponerse, a través de conversatorios, talleres, captura y reubicación, crear una cultura de reubicación y conservación en lugar del exterminio.

«Buscamos —puntualiza la información brindada por Mercedes— mejorar la relación entre humanos y abejas en favor de la casa común, honrando el servicio que las abejas nos brindan, creando un efecto de colaboración entre ciudadanos, organizaciones privadas, dependencias gubernamentales y apicultores que tenga como foco principal la conservación de esta especie».

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