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Trabajar por la cultura es defender la nación
14December
Artículos

Trabajar por la cultura es defender la nación

En medio de discusiones, profundos debates y reflexiones de cómo hacer frente a lo grotesco, lo vulgar que se presenta como arte, en Cuba se celebra este 14 de diciembre el Día del Trabajador de la Cultura.

Entendiendo como cultura a ese conjunto de costumbres que nos identifican y a todos los conocimientos que conducen a un enriquecimiento personal, este día de diciembre honra esencialmente a quienes se dedican a la creación desde diversas manifestaciones artísticas. Se reconocen a los miles de promotores e instructores que descubren y desarrollan el talento de muchas personas en las Casas de Cultura, escuelas de arte, proyectos comunitarios, brigadas artísticas, etcétera.

No cabe, por tanto, ninguna posibilidad que en un país que tiene como principio fundamental salvaguardar la cultura, como lo primero, —antes que cualquier otro sector—, distintos grupos dentro y fuera del territorio nacional deshonren y denigren el trabajo que por años prestigia a nuestra nación.

Parece una teoría de locos aquello de poner en primer orden el cuidado de las tradiciones o el patrimonio, antes del pan y las prendas. Si creemos que el hombre más feliz vivía sin camisa, entenderemos que lo espiritual, lo que engrandece y alimenta el alma, tiene más valor que esos recursos con los que se nos convence al buen vivir.

Pero es difícil sostener estas ideas en una sociedad tambaleante, donde las luces de neón opacan el brillo natural de las cosas y donde estas mismas palabras provocan rechazo. Lo más abrumador es que lo banal viene disfrazado de arte, se pone en duda la creación de los artistas más auténticos, se alfabetiza con grosería y se nos aplica una fórmula sencilla para ser un hombre de éxito: dinero es igual a felicidad.

La cultura del entretenimiento hace que los gustos del público estén en total armonía con la cultura basura. Detrás sobreviven distintos contenidos ideológicos con imágenes y valores que tienen que ver con lo sexista, racista, autoritario, materialista y militarista.[1] Con el crecimiento de la cultura de consumo de masas, explica el investigador Michael Parenti, podemos observar una pérdida de valores del pueblo.

Gran responsabilidad tiene el hombre que en Cuba trabaja por y para el arte. Mas no tendrá que ir de puños por el mundo, sino creyendo que la cultura de su país es una de las más admiradas a nivel mundial. Ese hombre tendrá que revisitar su pasado una y otra vez, cuestionarse profundamente el presente para mirar con certeza el futuro.

Más que palabras, hablaran los hechos o mejor todavía: las obras. Ahí están los bailarines, intérpretes, compositores, pintores, escritores, profesores… como ejemplos del verdadero rigor, frutos del estudio. Nada justifica entonces que los falsos profetas del arte vengan a ocupar aquí un lugar.

En medio de todas estas cuestiones se celebra en Cuba el Día del Trabajador de la Cultura. Sin embargo, el orgullo de nuestros artistas nos permite festejar.

 

[1] Ver La batalla de la cultura. Michael Parenti. Editorial de Ciencias Sociales, 2009, p 25.