“Siempre he creído que cuanto más limitados eran los medios, más fuerte es la expresión. Ello podría explicar la elección de una paleta reducida”
Pierre Soulages
En la sala de exposiciones El Celler de Can Ginestar de Sant Just Desvern, localidad cercana a Barcelona, se ha celebrado recientemente la muestra Material’s soul de la artista pluridisciplinar Charo Gálvez (1961) donde ha presentado un conjunto de pinturas, esculturas y fotografías a modo de retrospectiva, ya que ha exhibido piezas de diversos momentos creativos, empleando varios materiales que le permiten crear una serie de obras de marcada tendencia expresionista y conceptual.
Charo Gálvez se formó en la Escuela Llotja de Barcelona, especializándose en Procedimientos Pictóricos y posteriormente en Grabado Calcográfico. Su primera exposición individual la realizó en la Sala de Arte Casal de Marianao, Sant Boi de Llobregat (Barcelona), en la que la artista comentaba que su pintura nacía de “una necesidad de expresión, de comunicación, es un instinto, un refugio, una salida por donde pueden huir los sentimientos más íntimos…”.
Desde sus inicios hasta la actualidad siempre ha mostrado interés por la abstracción geométrica y por el informalismo dentro de la tendencia tachista y espacial, donde se advierte su atracción por los colores neutros y sobre todo por su acentuado monocromismo, tal como se puede comprobar en la mayoría de sus composiciones.
Respecto a Material’s Soul, o lo que es lo mismo, El alma de los materiales, es una forma de homenaje a cuatro décadas de trayectoria plástica. Aunque sea en un espacio reducido, las obras que se exhiben representan muy bien la labor creativa de estos años, permitiendo observar los materiales que ha ido empleando gradualmente para componer sus piezas. Precisamente la autora remarca que los materiales no son llamativos por sí solos, sino que “les he transmitido un aliento de vida y un alma al integrarlos en mis obras”.
Se podría dividir la exposición en tres ámbitos: pinturas, esculturas y fotografías. En el caso de las pinturas utiliza preferentemente el óleo y pigmentos naturales de grafito, predominando el color negro a base de incorporar unas suaves líneas irregulares dispuestas horizontal o verticalmente que se expanden por toda la tela o madera. De algún modo, recuerdan al “pintor de negro”, calificativo atribuido al pintor francés Pierre Soulages, quien señalaba que el negro le gustaba por “su autoridad, su gravedad, su obviedad, su radicalismo. Su potente poder de contraste confiere una intensa presencia a todos los colores, y cuando ilumina los más oscuros les confiere una sombría grandeza”. A la artista le ocurre lo mismo, ya que si observamos con detenimiento cada una de las obras en las que aparece el negro -también hay alguna en blanco-, se advierte la presencia de la luz. Una luz oscura y silenciosa, pero a la vez se intuye la existencia de vida.
Respecto a las esculturas están dispuestas en una peana o colocadas en la pared a modo de instalación. La mayoría son en negro y construidas mediante diversos materiales: piedra, cuero, hierro, plomo, pizarra, fieltro, caucho, tejido…. El hecho de que utilice esta amalgama de materiales nos lleva a pensar que dependiendo de la obra que pretende realizar necesita un tipo de material determinado, debido a que le atraen su textura, dureza o levedad.
Todas se mueven alrededor del arte conceptual, debido a que la mayoría son de formas irregulares e incluso pliegues o simplemente tienen una hendidura como es el caso de una pequeña pieza de mármol esculpida lo más austera posible. Lo importante de cada una de ellas es que transmiten la idea de transmutación, o sea de recuperar el pasado para reinterpretarlo. El arte povera fue el iniciador en la recuperación y transformación de materiales usados dándoles una nueva función de carácter estético.
En cuanto a las fotografías, si las presenciamos de lejos parece que estemos delante de una pintura, principalmente por su realismo y cromatismo. Los protagonistas de las imágenes son las ventanas y las puertas de edificios antiguos que la artista ha ido fotografiando aleatoriamente. Representan el pasado. Un pasado que para la artista significa “que han dejado de ser lo que eran, han perdido su utilidad, pero no han desaparecido (…), paso por delante y captan mi atención y, para mí estéticamente, vuelven a tener una nueva vida…”.








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