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SOBRECARAS, de Cristóbal Anwandter
26May
Noticias

SOBRECARAS, de Cristóbal Anwandter

Por Carolina Lara

 

Tras cinco años sin exhibir individualmente, Cristóbal Anwandter (Chile, 1980) vuelve a escena con una serie de grandes retratos donde enseña nuevas posibilidades de asumir la figuración.

 

En Sobrecaras, propuesta contemporánea con alta precisión técnica y gran expresividad plástica, el artista ensaya close up a rostros de personas anónimas, donde la mancha, los empastes y veladuras hablan también de la realidad de la pintura misma.

 

Junto a la exposición abierta del 16 de junio al 15 de julio de 2011, en Galería A.M.S. Marlborough, dicha institución trabaja por internacionalizar la obra del artista chileno que debutó, muy joven, en este mismo espacio.

 

Cristóbal Anwandter tenía 22 años cuando fue descubierto por Galería A.M.S. Marlbororugh mientras trabajaba en el taller del pintor chileno Hernán Gana. Al año siguiente expuso allí y, desde entonces, forma parte del staff de artistas de esta sala de marca internacional, y es carta segura en ferias de arte de la región, como ArteBA (Argentina) y Ch.ACO (Chile).

 

La sede local de esta galería con filiales en grandes capitales del mundo, ha sido apoyo fundamental para el éxito del artista. “Estamos trabajando en internacionalizar la pintura de Anwandter”, asegura Ana María Stagno, directora de A.M.S. Marlborough.

 

En sus inicios, el pintor estuvo ligado a la academia. Formado con maestros de la pintura en talleres de Chile y México, parte de su aprendizaje, dice, ha estado también en el estudio de los pintores clásicos y modernos: “Los dibujé y copié lo más que pude, hasta entender sus lógicas de construcción”.

 

Anwandter se fue situando en escena con una factura realista de sello propio que ha ido evolucionando desde la experiencia del gesto pictórico, la forma y el color. Su obsesión ha sido la figura humana. Pero en su última exposición individual (2006, A.M.S. Marlborough), “ya estaba con la inquietud de deconstruir y resaltar aspectos gestuales e interpretativos”, sobre los representativos y anecdóticos.

 

El artista exhibe ahora los resultados de una investigación en la que se sumergió durante los cuatro años siguientes: Sobrecaras, una serie de retratos en grandes formatos donde se concentra más en el rostro o en los rasgos que van conformando la mancha, los empastes y las veladuras. El protagonismo de la figura, agrega, “es enriquecido con un lenguaje plástico innovador y abierto a todas las posibilidades de construcción y configuración”.

 

El proceso de la pintura entra en juego. Intentando conjugar pulcritud y definición con visceralidad y experimentación, el artista dice que ha dado un giro a un “estilo más fresco y espontáneo”. La precisión con que retrata las facciones de personajes anónimos contrasta con la primacía del gesto, la ambigüedad de las situaciones y las atmósferas cargadas psicológicamente. “La figura humana siempre será un laboratorio infinito de exploración, con la capacidad de renovarse y brindar nuevas posibilidades”, opina.

 

Luego de Sobrecaras, Cristóbal Anwandter se radicará un tiempo en Europa.

 

¿Por qué en tu carrera has abordado principalmente la figura humana?

Desde que empecé a pintar y la descubrí, tuvo un impacto emocional que cuesta describir, casi como una obsesión. Tal vez subyace una inquietud autorreflexiva sociológica o antropológica. El tema es que todas mis inquietudes plásticas me parecen motivadoras cuando se conjugan con la figura humana.

 

¿Por qué ahora te centras en el rostro?

Por la necesidad de sintetizar, de reducir la anécdota lo máximo y resaltar aspectos emocionales de construcción. Muchas veces, cuando hablo de construcción plástica, me preguntan por qué no me dedico a la abstracción pura. Me interesa la tensión –por poco inabordable– entre la construcción y el azar; el casi fallido intento de organizar lo inmaleable.

 

¿Quiénes te han servido de modelos para estas pinturas?

Generalmente gente cercana con ciertas características anatómicas. ¿Por qué? No lo sé. Es algo de proporciones de cavidades, quizá fijaciones o fetiches…

 

Cuenta un poco acerca del proceso de obra, de la factura: ¿cómo abordas la pintura?

Generalmente fotografío modelos como referente anatómico. En la gran mayoría de los casos, no tienen nada que ver con el cuadro. Luego comienzo a manchar libremente sumando muchas capas que generen un movimiento y una coherencia cromática interesante. Después sigo manchando pero dando algo de forma y volumen; construyo un poco más y luego vuelvo al comienzo, destruyendo en unos casos y respetando en otros. Es un ir y venir donde busco ir contra mi cabeza controladora. Hoy el énfasis está puesto en cómo me siento pintando y no necesariamente en el cuadro. El logro es un resultado que depende del proceso y es ahí donde centro mi atención, en sentirme cómodo, ágil, despreocupado, fino si es necesario. Intento demostrarme que la construcción puede ser analítica a propósito de sumas absolutamente viscerales. Es una intención expresionista que por repetición termina definiendo la figura.

 

Para una propuesta “contemporánea” necesariamente hay que problematizar el lenguaje. ¿Cómo se da esta intención en tu obra?

Soy víctima de la contemporaneidad lo quiera o no. Estoy abierto a todo y disfruto de los distintos tipos de arte y artesanías. La pintura la elijo porque estoy enamorado de ella y es lo que me mantiene motivado en el taller. Veo que mi trabajo fusiona distintos intereses. Por un lado, la definición anatómica y volumétrica, el buen dibujo, un poco mis raíces más ligadas a lo realista. Pero también está el interés por las distintas posibilidades de aplicar la pintura: líquida, matérica, en veladuras, sacada con diluyente, lijada, en gestos gráficos y chorreados. Los grandes abstractos e informalistas me fascinan y no dejo de mirarlos e intentar interiorizar algunos de sus procesos. También está toda la energía e irreverencia lúdica del pop, de Warhol, de Basquiat. Todas las influencias van apareciendo y se hace esta juguera extraña que es uno.

 

Galería A.M.S. Marlborough

Nueva Costanera 3723, Vitacura, Chile