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Encuentros, nueva temporada de Acosta Danza
02April
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Encuentros, nueva temporada de Acosta Danza

Por: Liliana Molina Carbonell

Hace unos años, el coreógrafo japonés Saburo Teshigawara imaginó que un espejo podría reflejar la música. Y que detrás de esa imagen, habría personas escondidas, sucesos que aún no formaban parte de la realidad, juegos ilusorios de la conciencia… Creó entonces Mirror and Music, estrenada en Tokio a finales de 2009 y donde la música, la danza y las artes plásticas exploraban un modo personal de entender el mundo.

Su obra —ha señalado en varias ocasiones— nunca pretende explicar una historia. Más bien, proyecta un cúmulo de inquietudes aparentemente inasibles, a partir de las cuales busca acercarse “a aquello que se ve, pero que no está en el espejo”, como en Mirror… o develar su infinita curiosidad por la luz, como hizo antes en Light Behind Light (2000) y Luminous (2001).

Con el próximo estreno mundial de la pieza Mil años después, Teshigawara compartirá nuevamente fragmentos de las indagaciones que identifican su trabajo. Según él mismo advierte, en cada coreografía trata de definir una expresión de belleza, propósito que siempre revitaliza a través del movimiento y que esta vez sugiere un ejercicio intelectivo a largo plazo.

“¿Qué sería de nosotros si naciéramos dentro de 1000 años? No vamos a vivir ese tiempo, pero podríamos imaginarlo. Yo lo hice, y realmente fue interesante realizar una proyección tan a futuro”, afirmó en conferencia de prensa en la sede de la compañía cubana Acosta Danza.

Convencido de que la danza sirve para imaginar situaciones diferentes a las que vivimos en la actualidad, el artista nipón reflexiona en esta obra sobre el vínculo entre la naturaleza y los seres humanos, y el permanente riesgo de destrucción que amenaza a la Tierra.

Las colaboraciones de Teshigawara con el Ballet de la Ópera Nacional de París, el Ballet del Gran Teatro de Ginebra y el Frankfurt Ballet, entre otras relevantes compañías, han potenciado internacionalmente una poética de creación que pretende trascender nomenclaturas y límites. En esas mixturas, el coreógrafo y bailarín japonés reconoce la influencia de las artes visuales y el cine, que se constata en su sentido de la composición y el espacio; pero también en el diseño de escenografía, iluminación y vestuario que concibe para todas sus actuaciones.

“La vida transcurre en diferentes circunstancias, hay momentos de luz y de oscuridad. Para mí —asegura—, lo más importante al hacer una coreografía son las personas y cómo se desarrollan en esos contextos. Existen diferentes religiones, creencias y sociedades; sin embargo, hay puntos de contacto y en eso me baso para crear."

“No soy únicamente un bailarín, soy un artista. Así que no me interesa el nombre que se le da a cualquier movimiento en particular (clásico, moderno, contemporáneo…), sino expresar sentimientos y emociones”.

Como parte de “Encuentros” —la nueva temporada de Acosta Danza—, Teshigawara estrenará Mil años después en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, los días 6, 7 y 8 de abril. El programa incluye además las obras Lost in Dance, coreografiada e interpretada por él junto a la bailarina japonesa Rihoko Sato, y Paysage, Soudain, La Nuit, del coreógrafo, bailarín y cineasta Pontus Lidberg.   

Según comentó el artista sueco, Carlos Acosta le pidió que hiciera algo único para la compañía, y en el proceso de creación emergió el tema de la cubanidad. Lidberg motivó entonces a los bailarines a que improvisaran, tomó ideas de los movimientos y los incorporó luego a esta pieza, en la cual la escenografía lleva la firma de la artista cubana de la plástica Elizabet Cerviño.

Las funciones se incluyen entre las actividades organizadas en Cuba para recordar el aniversario 120 de la migración japonesa a la Isla. Un encuentro de culturas que, desde la danza, tal vez sea posible continuar celebrando un milenio después.

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