Casi todas las figuras de Belkis Ayón miran de frente. No gritan, no explican, no se defienden. Observan. En blanco, negro y una gama infinita de grises, la artista cubana construyó una de las obras más singulares del arte latinoamericano contemporáneo. Ahora, por primera vez, una institución argentina le dedica una exposición: Belkis Ayón. Mito y desobediencia, en el MALBA de Buenos Aires.
La muestra, que podrá visitarse del 17 de julio al 12 de octubre de 2026, reúne siete obras de la Colección Malba–Costantini y abre una puerta necesaria para el público argentino: la posibilidad de encontrarse con una artista que transformó el grabado desde una técnica exigente, la colografía, y desde un universo simbólico marcado por el secreto, el poder y la exclusión.
Belkis Ayón nació en La Habana en 1967 y murió en 1999, con apenas 32 años. Su carrera fue breve, pero su obra ha crecido de manera sostenida en el mapa internacional del arte contemporáneo. No necesitó el color para construir imágenes inolvidables. Trabajó casi siempre con blancos, negros y grises, y desde esa austeridad levantó escenas de una intensidad poco común, pobladas por figuras silenciosas, ojos inmóviles y cuerpos que parecen guardar algo que el espectador nunca termina de descifrar.
El núcleo de su investigación fue el imaginario de la Sociedad Secreta Abakuá, una fraternidad masculina afrocubana. Ayón no abordó ese universo desde la distancia folclórica, sino desde una tensión política y poética. Al centrarse en la figura de Sikán, mujer sacrificada por revelar un secreto sagrado dentro del mito, convirtió una tradición cerrada a las mujeres en una reflexión sobre el silencio impuesto, la obediencia y el lugar del cuerpo femenino dentro de las estructuras de poder.
Una artista que convirtió la colografía en lenguaje propio
La colografía fue mucho más que una técnica para Belkis Ayón. Este procedimiento, basado en matrices construidas mediante la superposición de materiales, le permitió trabajar la superficie como si fuera una piel cargada de huellas. En sus obras, cada textura parece tener peso narrativo. No se trata solo de mirar una imagen, sino de leer sus capas.
Esa densidad explica por qué su obra sigue resultando tan contemporánea. Ayón no ilustró un mito: lo desobedeció. Tomó una historia asociada a una sociedad masculina y la reescribió desde una mirada propia, donde la mujer silenciada ocupa el centro de la escena. En obras como La cena, la referencia a la iconografía cristiana convive con símbolos Abakuá, generando una imagen de enorme potencia ritual y política.
El MALBA presenta la exposición con curaduría de María Amalia García, Alejandra Aguado y Nancy Rojas. La selección es breve, pero muy significativa, porque permite introducir al público argentino en una artista cuya obra ha sido reivindicada por instituciones internacionales y por especialistas en arte latinoamericano, grabado contemporáneo y estudios de género.
Por qué esta exposición importa en Argentina
La llegada de Belkis Ayón al MALBA importa porque corrige una ausencia. Argentina no había visto hasta ahora una presentación institucional de su obra, a pesar de que Ayón es una figura clave para comprender el arte cubano y latinoamericano de finales del siglo XX. Su trabajo dialoga con la espiritualidad afrocubana, pero también con preguntas universales sobre autoridad, secreto, culpa, sacrificio y memoria.
La exposición aparece además en un momento en que muchos museos latinoamericanos revisan sus colecciones y sus relatos. Durante décadas, la historia del arte de la región se contó desde unos pocos nombres, casi siempre masculinos y vinculados a los grandes centros de legitimación. Ayón obliga a mirar hacia otro lugar: hacia el grabado, hacia el Caribe, hacia una artista mujer que construyó una iconografía propia sin renunciar a la complejidad simbólica.
Quien llegue al MALBA buscando una muestra extensa puede sorprenderse ante el número reducido de piezas. Pero la fuerza de Ayón no depende de la cantidad. Sus imágenes funcionan por acumulación interior. Cada figura parece contener una historia que no se entrega del todo. Cada mirada devuelve al espectador una pregunta.
Por eso Belkis Ayón. Mito y desobediencia no debería leerse solo como una exposición inédita en Argentina, sino como una oportunidad para ampliar el relato del arte latinoamericano. Ayón hizo del silencio una materia visual. Y quizá ahí esté la razón de su vigencia: sus obras no necesitan levantar la voz para incomodar, fascinar y permanecer.
En tiempos de revisión de cánones, la llegada de Belkis Ayón al MALBA recuerda que el arte latinoamericano todavía guarda zonas poco visitadas por el gran público. Su obra no pide ser explicada de inmediato. Pide ser mirada. Y, sobre todo, escuchada en aquello que calla.
