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Madinat al-Zahra: la ciudad brillante
31December
Artículos

Madinat al-Zahra: la ciudad brillante

Tras la declaración de Medina Azahara como Patrimonio Mundial de la Unesco, el mayor yacimiento arqueológico de España ha duplicado sus visitas. Era de esperar: la antigua ciudad califal fue una de las más bellas y prósperas de su época, y la que mejor se conserva en Europa.

Madinat al-Zahra se construyó a mediados del siglo x por la dinastía omeya, como sede del califato de Córdoba, en una ubicación privilegiada, a ocho kilómetros al oeste de Córdoba, a los pies de Sierra Morena y sobre el fértil valle del río Guadalquivir. Pero su esplendor solo duró ochenta años: durante la guerra civil que terminó con el califato, entre 1009-1010, fue saqueada y sumida en el olvido, hasta su descubrimiento a principios del siglo xx.

Sus 113 hectáreas de superficie amurallada fueron declaradas Bien de Interés Cultural (BIC) en 1923. Aunque hasta la fecha, solo el diez por ciento del área urbana —alrededor de doce hectáreas— ha sido excavada, principalmente la zona del palacio fortificado y la Gran Mezquita.

Al haber estado oculta por casi un milenio, en Medina Azahara no hay construcciones posteriores y los restos arqueológicos que se conservan son más antiguos que La Alhambra de Granada o la Mezquita de Córdoba, representando completamente la civilización islámica y sus primeras fases e influencia cultural en la península ibérica.

En la época de mayor esplendor político, social y económico de la España musulmana, Córdoba era la ciudad más avanzada de Europa, y Madinat al-Zahra, símbolo del poder de su Califa. Desde el Gran Pórtico, partían las expediciones militares contra sus vecinos cristianos y del Norte de África, y por allí entraban los embajadores y emisarios de otros reinos, que debían atravesar todo el recinto para, finalmente, ser recibidos en el Salón Rico (Sala de Abd-al-Rahman III), rodeados de columnas y capiteles exquisitamente labrados, de arcos que alternaban el rojo, el blanco…

La ciudad regia se construyó en tres grandes terrazas, cercada por fuertes murallas y ocupada por jardines, casas privadas, edificios públicos y militares y cuartos domésticos. En la parte más alta se encontraba El Alcázar, residencia del califa Abderramán III, «representante de Dios en la tierra y guía de la comunidad musulmana».

Luego estaba la zona oficial (Casa de los Visires, cuerpo de guardia, Salón Rico, dependencias administrativas, jardines…) y, finalmente, la ciudad y la Mezquita Aljama, separadas de las dos terrazas anteriores por otra muralla específica para aislar el conjunto palatino. Algunos de aquellos hermosos edificios, cuyos vestigios aún hoy podemos disfrutar, pertenecían a altos dignatarios, como la casa de Ya’far, chambelán de la corte o la llamada vivienda de la Alberca.

Contaba, además, con otras dos mezquitas, e infraestructuras como carreteras, puentes o sistemas hidráulicos, jardines y edificios con elementos decorativos y objetos cotidianos, que permiten conocer a fondo el esplendor de la desaparecida civilización islámica occidental de al-Ándalus.

Actualmente, uno de los mayores retos que tiene el monumento es encontrar un financiamiento adecuado, pues se mantiene solamente con fondos de la Junta de Andalucía. Una de las opciones que se contemplan es subir el precio de la entrada, que es gratuita para los ciudadanos europeos y de un euro con cincuenta para los extracomunitarios.

La visita al monumento se hace de norte a sur, en sentido contrario a la estratificación social y física que tenía la ciudad. La idea es recuperar el acceso peatonal al yacimiento, a través de la desaparecida Plaza de Armas. También se trabaja en la restauración del Salón Rico, gracias a un convenio con la institución internacional de mecenazgo cultural World Monuments Fund.

Con la inscripción de la Ciudad Califal de Medina Azahara, Córdoba se situó en la cúspide de las localidades con más sitios con esta condición. La llamada «ciudad brillante» se suma a la Mezquita-Catedral, su centro histórico y al Festival de los Patios, que se celebra cada año durante la primavera.

España ocupa el tercer lugar entre los países con más Patrimonios de la Humanidad del mundo, sólo detrás de China e Italia.