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No quiero ser @… ni pilota
08April
Artículos

No quiero ser @… ni pilota

DEFENDIENDO LA Ñ

 

Me atrevo a afirmar que la capacidad de hablar y el surgimiento y evolución de las lenguas son el mayor avance en la historia de la humanidad. Sin ellas no habría óperas ni rap, ni pudieran explicarse complejos teoremas o la teoría de la relatividad. Sin ellas no podríamos decir te amo, ni te odio, ni invocar a los dioses, mucho menos reclamar nuestros derechos.


En esos afanes se inscriben los llamados estudios de género y el consiguiente reclamo de esa perspectiva para el empleo del idioma. En nuestra extendida lengua el tema ha provocado estudios teóricos, apoyo a ultranza de algunos sectores, argumentos en contra y no pocas burlas, a veces cariñosas, como la del amigo que se pregunta si tendremos que referirnos continuamente al gato y a la gata para hablar del orgulloso felino doméstico.


Como esencial resultado del proceso están el debate de trascendencia social y el repudio a definiciones de «sexo débil» como sinónimo de mujer, de «hombre público» como señor importante y activo en sociedad, mientras que «mujer pública» era una despreciable prostituta. Pero el justo propósito de tales afanes ha provocado modos reiterativos —los continuos «ellas y ellos», por ejemplo— que, a mi juicio, empobrecen el discurso y perjudican la necesaria dinámica de la prensa donde la síntesis es una de las mayores virtudes.


Según el Diccionario Panhispánico de Dudas de la Real Academia Española, «(…) en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, (…) en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva» También me parece pertinente la interrogante del académico de la RAE Ignacio Bosque acerca de «dónde fijar los límites ante el problema de la visibilidad de la mujer en el lenguaje».


El asunto va mucho más allá. No podía ser visible la mujer en el habla cuando le era negado el acceso a las universidades. Si solo los hombres podían ser médicos o abogados, ¿cómo habrían de existir los vocablos médica o abogada? Creo que las claves de hoy transitan por no perder de vista que cada lengua expresa los valores de la cultura de la sociedad que la practica.


Yadira Calvo, escritora costarricense, ha declarado que las mujeres obtienen ciertas conquistas, pero la ideología fundamental sigue siendo patriarcal. De manera que lo que algunos aceptan solo como «asuntos de mujeres», o por aparentar corrección política, desborda lo que consiguen los cambios legislativos: se requieren transformaciones sociales, culturales y de conciencia individual. Proceso que, como el lenguaje mismo, requerirá aquello que el gran poeta Eliseo Diego nos dejara como herencia: el tiempo, todo el tiempo.


Por eso comencé diciendo que ni arroba ni pilota. Porque es gramaticalmente correcto decir la piloto, y gratificante que algunos países y culturas admitan que el sexo no es el condicionante para pilotar un avión o una nave espacial. Tampoco deseo ser @ porque este no es un signo lingüístico, además de que la RAE alerta que «puede dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño».


La lengua es expresión de conceptos y valores, es a estos a los que hay que forzar la marcha hacia el progreso. Según sean los criterios de justicia y equidad de los hablantes, así será de inclusiva y visibilizadora nuestra indispensable lengua materna.