Hablar hoy de paisaje o de naturaleza ya no parece suficiente. La nueva exposición de la Fundación Cortés parte precisamente de esa idea: el problema no es únicamente lo que vemos del planeta, sino la forma en la que habitamos, explotamos y transformamos los territorios que compartimos.
Bajo el título Territorios: Esplendor, Réquiem y Futuro, la institución presenta desde el próximo 27 de mayo una de sus muestras más ambiciosas hasta la fecha. La exposición, instalada en la sede de la Fundación Cortés en el Viejo San Juan, reúne 53 obras de 49 artistas procedentes de 14 países y propone una lectura contemporánea sobre la relación entre humanidad, territorio y crisis climática.
La curaduría, desarrollada por la especialista radicada en Madrid Diana Cuéllar Ledesma, evita construir un discurso puramente ecológico o documental. Lo que aparece aquí es algo más amplio: una reflexión sobre cómo el territorio funciona al mismo tiempo como espacio físico, memoria política, recurso económico y experiencia emocional.
Del Caribe al planeta: arte contemporáneo frente a la crisis del territorio
Uno de los aciertos de la exposición es abandonar la idea clásica de “naturaleza” para sustituirla por un concepto mucho más complejo y contemporáneo: el territorio. Eso implica hablar no solo de bosques, animales o paisajes, sino también de agua, minerales, temperatura, sonido, turismo, extracción, desplazamiento y tensiones geopolíticas.
La muestra se organiza en cuatro núcleos —lo sagrado, la ruptura, la convivencia y lo desconocido— que funcionan más como estados de relación con el entorno que como categorías cerradas. En algunos casos, el territorio aparece como espacio espiritual y de equilibrio. En otros, como escenario de fractura provocado por el extractivismo, la contaminación o el turismo de masas. También hay lugar para los territorios vinculados al ocio y la convivencia cotidiana, y para aquellos que todavía permanecen fuera del alcance humano, como el océano profundo o el espacio exterior.
Ese desplazamiento conceptual resulta especialmente interesante en el contexto caribeño. La exposición no utiliza el Caribe únicamente como marco geográfico, sino como territorio atravesado históricamente por procesos de colonización, explotación económica, migración y transformación ambiental. Y ahí el arte deja de funcionar como simple representación estética para convertirse en una herramienta de lectura crítica.
La presencia de artistas como Allora & Calzadilla, Carlos Garaicoa, Ana Mendieta, Sebastião Salgado, Antonio Martorell o José Bedia ayuda a entender precisamente esa diversidad de miradas. No se trata de una exposición homogénea, sino de un conjunto de obras que dialogan desde distintas geografías, lenguajes y generaciones.
La frase de Félix González-Torres que atraviesa la exposición —“Somewhere better than this place. Nowhere better than this place”— funciona como una especie de advertencia silenciosa. No plantea la idea de un futuro ideal, sino la conciencia de que quizá no exista otro lugar posible si no se replantea la relación con el planeta.
La inauguración de Territorios: Esplendor, Réquiem y Futuro servirá además como apertura simbólica de una semana cultural importante para Fundación Cortés, que culminará con el Banquete de Aquí y Allá, evento filantrópico que une arte, gastronomía y apoyo a programas educativos en Puerto Rico.
En los últimos años, la Fundación Cortés ha consolidado una programación donde el arte contemporáneo funciona no solo como exhibición, sino también como herramienta educativa y de construcción social. Esa línea aparece reforzada en esta exposición, donde la crisis climática no se aborda desde el dato o la estadística, sino desde algo más complejo: la experiencia humana de habitar un territorio que empieza a mostrar señales de agotamiento.




