La muerte de David Hockney ha activado el ritual habitual de los grandes nombres del arte: las piscinas californianas, los retratos, los récords de subasta, el color luminoso y la imagen del artista británico que nunca dejó de trabajar. Sin embargo, reducir su legado a una sucesión de obras célebres sería perder lo más importante. Hockney nos enseñó algo mucho más difícil que reconocer un cuadro: nos enseñó a mirar.

El Proyecto Audiovisual cubano XL.cu ofrece un sugerente show de animación en gra
El circo es una de las formas de espectáculo más antiguas.
Un grupo profesional de teatro, integrado por doce actores, interviene la ciudad <