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Una "piazza" del arte en el High Line de Nueva York
29April
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Una "piazza" del arte en el High Line de Nueva York

El museo Whitney, casa y motor del arte contemporáneo estadounidense desde hace casi 100 años, ha presentado su nueva sede en el High Line de Nueva York, concebida y ejecutada por el arquitecto italiano Renzo Piano como una "piazza" del arte que elimina las barreras entre el museo y la calle. "Tenía que ser un espacio accesible, que no intimidara y no fuera pretencioso. Es un edificio que vuela, que, como el Centro Pompidou de París (que él mismo diseñó) da la bienvenida a la gente.

 

No hay barreras entre la ciudad y el Whitney. Se entra en el mundo del arte y la libertad", aseguró Piano lleno de orgullo al presentar un proyecto que le ha llevado siete años de trabajo.

 

La libertad se traduce arquitectónicamente en ocho plantas diáfanas, con el milagro estructural de sostenerse sin columnas, complementadas con terrazas con vistas a los cuatro puntos cardinales de la ciudad. En cifras, 20.500 metros cuadrados de superficie 4.600 de ellos para galerías internas y 1.200 para terrazas que también expondrán esculturas e instalaciones.

 

El proyecto ha costado en total 760 millones de dólares (55 de ellos donados por la ciudad de Nueva York) y que, con la multiplicación del espacio, ha permitido revalorizar toda la colección permanente del Whitney. Se han desempolvado innumerables obras de arte del al almacén (más de un 20 % de lo que ahora se exhibe llevaba años sin ver la luz), que sirven para contextualizar y entender mejor algunas de sus obras maestras, y es por ello que el nuevo Whitney ha abierto sin más atractivo que el todas sus pertenencias, recolocadas en la exposición "America is hard to tell".

 

"Esto no es el nuevo Whitney. Es el Whitney. Ese era el reto, porque todo el mundo amaba el edificio anterior (en la calle Madison) y había que trasladarlo aquí sin que dejara de ser el Whitney", aseguró. Aún podría decirse más: el Whitney es, en realidad, más Whitney que nunca en este edificio.

 

El almacén, completo

 

Las ocho plantas recorren cronológicamente, de arriba a abajo, la evolución del arte contemporáneo estadounidense y, por ello, van ganando en altura conforme los formatos de los artistas se van haciendo más y más ambiciosos. Además, todas las paredes, excepto las que corresponden a la fachada del edificio, son móviles.

 

En este museo han expuesto Jeff Koons, que cerró con su exposición temática (y exitosísima) la antigua sede y se convirtió en 2013 en el artista vivo más cotizado del mundo. Junto a él, también se han exhibido piezas clave de artistas como Edward Hopper, Alexander Calder o Georgia O'Keeffe, incluso nombres no tan previsibles hasta llegar a las 600 obras de más de 400 artistas, lo cual da a entender por qué, al presentar hace ahora un año las obras del edificio, hizo hablar a los comisarios del museo de cierta "vergüenza" por la cantidad de valioso stock que tenían guardado.

 

"America is Hard to See", que estará abierta hasta el 27 de septiembre, es, según la comisaria jefe del museo, Donna De Salvo, fruto de "un análisis de muchos años de la colección del museo". "Refleja las creencias, las ideas y las preocupaciones de los artistas en los últimos 150 años y pretende romper las ideas preestablecidas que tenemos sobre la historia de Estados Unidos", añadió.