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Carmen y sus chicos Almodóvar
18December

Carmen y sus chicos Almodóvar

«Cumple treinta años el Aula de Cultura Iberoamericana, fundada y dirigida por la historiadora Carmen Almodóvar, doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana en 1952 y especialista en historia común Cuba-España. El Aula de Cultura Iberoamericana, que tuvo su primera sede en la Sala Lezama Lima del Gran Teatro de La Habana y luego en el Centro Cultural de España, fue primordial y permitió una retroalimentación entre participantes e invitados: literatos, lingüistas, profesores españoles y especialistas de numerosas instituciones. El espacio del Aula derivó luego en varios proyectos, entre ellos la actual Sala de Conferencias sobre Cultura Hispanocubana, espacio con más de quince años de vida que recibe la colaboración de la Embajada de España a través de su convocatoria de Ayudas».

La invitación hubiera sido una más al espacio La Esquina de la Embajada, organizado en la sede diplomática española por Jorge Peralta y la Consejería Cultural en La Habana. Pero fue un homenaje con todas las de la ley, donde no faltó la música —con Rosario Franco al piano, Galis y Eduardo Martín en las guitarras, y el grupo Alejandro Valdés y Palo de Agua— y la danza, representada para la ocasión por el Ballet Español de Cuba, dirigido por el Maestro Eduardo Veitía, y la pareja de baile de Thalía Martínez y Gianluca Sánchez, de la Compañía Lizt Alfonso Dance Cuba.

En el homenaje estuvieron presentes el señor Juan Fernández Trigo, excelentísimo embajador de España en la Isla; René González Barrios, director del Instituto de Historia de Cuba; Rolando E. Misas Jiménez, investigador del Archivo Nacional; la escritora e investigadora Olivia Cano; así como miembros de la comunidad española, intelectuales, artistas y algunos de los tantos alumnos que ha tenido la doctora Almodóvar en su vasta carrera pedagógica.

Misas Jiménez apuntó que el éxito del Aula de Cultura Iberoamericana en sus primeros quince años de existencia se debió en buena medida a la coordinación y dirección de Carmen, «que es autora de varias antologías críticas dedicadas a la historiografía cubana y a la presencia de Cuba en la actual historiografía española. Su excelencia de anfitriona se hizo visible en un público que admira aún su innato carisma, extensa cultura y sabia comunicación, fruto de la amplia experiencia docente en varias instituciones cubanas y en la Universidad de La Habana».

Olivia Cano, por su parte, hizo énfasis en la segunda etapa de los treinta años que hoy se celebran: «El auditorio al que me dirijo ahora, conocedor e informado, ha sido testigo del desenvolvimiento de esa Sala en la última década. Continuadora en su esencia del Aula de Cultura Iberoamericana, hemos ido a las raíces de la historia, identidad y expresiones que hermanan a Cuba y España». Y agregó más adelante: «Cada espacio de estos años, como labrado por fino orfebre, ha logrado un entramado que nos muestra un tejido primoroso. Eso se obtiene con inteligencia, con un diseño temático que solo conquista un profundo conocedor de la labor de centros investigativos o estudiosos e investigadores del contexto social del momento, con esfuerzo, tenacidad y lo que llamamos comúnmente don de mentes. La gran artista ha sido, y no puedo obviar decirlo, la respetada, querida, admirada amiga doña Carmen Almodóvar Muñoz».

La doctora Almodóvar nació el 3 de septiembre de 1930. Fue profesora principal de Historia de Cuba en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona entre los años 1966 y 1970, y con posterioridad sentó cátedra durante casi veinticinco años en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana. Fue merecedora de la Orden de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta en 1989, de la Distinción Rafael María de Mendive en 1993, de la Medalla de la Universidad de León en 1994 y de la Distinción Nicolás Guillén en el 2000.

Tanta ha sido su impronta en la labor cultural de la sede diplomática española, que los exconsejeros Alberto Virella (2003-2006) y Ramón Molina (2009-2012) enviaron desde la península sendos mensajes de salutación que fueron leídos ante el nutrido auditorio.

En sus palabras de agradecimiento, Carmen Almodóvar Muñoz expresó: «Ustedes creen, cuando me ven aparentemente muy dispuesta, que no soy tímida. Sí lo soy. Y soy de un temperamento nervioso, muy emotiva. Los que me conocen, y creo que los que están aquí en general me conocen, saben que eso es absolutamente cierto. Presentarme en el aula noche a noche hace muchísimos años, donde los alumnos eran casi de mi edad, me costaba mucho trabajo, porque pensaba: “¿Lo estaré haciendo bien?, ¿estaré siendo lo suficientemente útil con mi quehacer?”. Trataba de luchar con mis problemas internos y hacerlo lo mejor posible, no para brillar, sino para simplemente ser útil a mi país, sin olvidar nunca la patria de mis padres, donde en los primeros años de mi vida fui a mi primera escuela en Madrid, y donde también tuve el calor de Castilla, la patria chica de mi madre».

Después de agradecer a la Embajada de España y a todos sus funcionarios por depositar en ella la confianza «para dirigir un proyecto que fue simiente del paulatino proceso de intercambio cultural entre Cuba y España desde el punto de vista del pensamiento histórico», la doctora Almodóvar hizo mención de sus «chicos Almodóvar», muchos de ellos presentes en el homenaje. Julio César Pagés pidió la palabra en nombre de todos ellos: «Somos una generación de personas que venimos desde hace muchos años acompañando a Almodóvar, cuando éramos estudiantes de la Universidad de La Habana. Ella impuso un estilo de historiadora. Era nuestra familia, nos ayudó a hacer las primeras publicaciones, las primeras conferencias, cuando había mucha resistencia y nos decían que debíamos madurar, quizás para que pasaran muchos años y uno se desalentara. Abrió espacios en los que antes no había estado ningún historiador joven, y pudimos compartir con figuras de la historiografía cubana y española que solamente conocíamos en los libros. Fue muy generosa en nuestras graduaciones, preocupada por cómo nos vestíamos, por lo que hacíamos, por convivir con nuestras familias, por dar un consejo si uno salía en los medios de comunicación: lo que había hecho bien, lo que había hecho mal. Siempre ha estado con nosotros, ha sido un aliento. Ella jamás se da por vencida, es la resistencia de la propia Cuba».