por Yordanis Ricardo Pupo
Amante y musa de Picasso, la artista y crítica de arte francesa Françoise Gilot (1921-2023) es reconocida por ser la única mujer que osó abandonar al pintor malagueño. Y no solo lo dejó, también se llevó con ella a sus hijos Claude y Paloma. Y por si todo esto fuera poco, en 1964 publicó unas memorias demasiado íntimas llamadas “Vida con Picasso”, que alteraron mucho al autor del Guernica.
Ahora, y jugando con el título de ese libro imprescindible (del que vendió un millón de copias solo en el primer año), el Museo Casa Natal Picasso exhibe “Picasso: vida con Françoise”, un recorrido visual por la relación que ambos mantuvieron durante casi una década, a través de 37 grabados, fotografías, libros y recortes de prensa.
Comisariada por Mario Virgilio Montañez, la muestra reúne una cuidada selección de grabados realizados por Picasso: litografías pertenecientes a la colección del propio Museo, en las que “se descubren los múltiples rostros que Françoise encarnó para el artista: musa, compañera, madre de sus hijos, interlocutora intelectual y creadora por derecho propio”.
Retratos que no solo permiten seguir la evolución estilística de Picasso durante los años centrales de su relación con Gilot (1945-1953), sino también la complejidad emocional de ese vínculo. Desde la ternura de las primeras imágenes (ella tenía 21, él 61) hasta la intensidad de las últimas, cada obra habla de una historia compartida entre dos creadores que vivieron el arte como una forma de vida.
Algo que quedó muy bien reflejado en esa famosa fotografía de la pareja disfrutando de un día de playa, tomada por Robert Capa en 1948, en las que se les ve pletóricos. Pero tras el nacimiento de los hijos, la relación empezó a cambiar…
"Pablo fue el amor más grande de mi vida, pero había que tomar medidas para protegerse", reconoció Gilot en el libro “Artists in Conversation”, de Janet Hawley. "Yo lo hice. Me fui antes de que me destruyera".
Y parece que hizo bien, a diferencia de otras mujeres que compartieron cama con Picasso y terminaron en hospitales siquiátricos o suicidándose, Françoise Gilot murió plácidamente a los 101 años con la medalla de la Legión de Honor (la más importante de su país) y algunas de sus pinturas colgadas en instituciones como el MOMA o el Pompidou de París.
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