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La ciudad de las diagonales
22October
Artículos

La ciudad de las diagonales

En Argentina, a pocos kilómetros del Río de la Plata, el más ancho del mundo, el 19 de noviembre de 1882 se instaló la piedra fundacional de lo que sería poco tiempo después la ciudad de La Plata, principal centro político, administrativo y educativo de la provincia de Buenos Aires, y una de las urbes más atractivas de Latinoamérica.


Construida en forma de cuadrado perfecto, la Ciudad de las Diagonales (por el trazado de algunas de sus calles) invita todo el tiempo a sumergirnos entre sus habitantes, pasear por su bosque (en él se erige el principal Museo de Ciencias Naturales del mundo de habla hispana) y a disfrutar de sus plazas (ubicadas cada seis cuadras). Allí siempre son perceptibles los acordes de rock and roll y la algarabía de los jóvenes que llegan de todas partes del país para estudiar en la Universidad Nacional de La Plata, una de las más importantes del continente.


Por todo ello ha quedado atrapada en varias obras literarias (al estilo de La aventura de un fotógrafo en La Plata, importante novela de Adolfo Bioy Casares) y porque su arquitectura también es impresionante con joyas como la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, considerada a finales del siglo pasado entre las diez iglesias catedrales más importantes del mundo. Y si de exclusividad se trata hay que mencionar la Casa Curutchet, una vivienda unifamiliar diseñada por el célebre arquitecto suizo Le Corbusier, construida entre los años 1949 y 1953, y declarada por la Unesco en 2016 Patrimonio de la Humanidad. Asimismo sobresale la República de los Niños, el primer parque temático de América y en el que se inspiró Walt Disney para edificar Disneylandia, luego de visitarlo.


Como en todo el país, el fútbol es la más seria de las pasiones en La Plata. Tanto que la pelota gira exclusivamente en torno a dos clubes y célebres rivales: Gimnasia y Esgrima La Plata y Estudiantes de La Plata. Ello explica que para quienes se han radicado en esta tierra, «todo puede cambiar, menos el color de mi camiseta».