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La noche perfecta de Gilberto Santa Rosa
16July

La noche perfecta de Gilberto Santa Rosa

Por: Taissé Del Valle Valdés / Foto: Raúl Abreu
 
Solo montarse en el avión, destino a Cuba, y el puertorriqueño sintió el cariño infinito, las muestras de afecto, los millares de agradecimientos... Un pueblo le esperaba en la mayor de Las Antillas, una generación romántica, de corazones deshechos, y a los que las canciones del Caballero de la Salsa resultaban antídoto único. Su entrada triunfal fue pasada las 1 y 30 de la madrugada.
 
Horas antes, los asistentes al emblemático Parque Josone vivían intensamente la tercera jornada del Varadero Festival Jazz & Son. Una fiesta de dos géneros musicales, idea del Chévere de la Salsa, Issac Delgado, que buscaba situar al balneario por cuatro días, no solo como el mayor destino de sol y playa del país, sino como un destino cultural. Cuentan los que habían nacido en los años ochenta que la península de Hicacos así era: tenía una intensa vida cultural en las noches. Allí se presentaron Oscar D' León y otros grandes exponentes de la música cubana y soviética, reconocidos mundialmente.
 
 
El virtuosismo de los músicos que acompañaron a Gilberto no se hizo esperar y los acordes estallaron. Hubo espacio para que cada instrumentista mostrara de qué estaba hecho. El público, ansioso, olvidó modales, se subió en las sillas provocando el llamado de atención de las autoridades. Los flash de los teléfonos celulares estuvieron encendidos durante todo el concierto. Este momento había que grabarlo, para revivirlo después. Los gritos, la euforia, la sensación. No puedo describirla.
 
Cada canción se unía a la anterior, algo para no parar. Del público subió el trovador matancero Tony Ávila e improvisó junto al invitado. Esa noche sonaron Montón de estrellas de Polo Montañez, Comienzo y final de una verde mañana de Pablo Milanés, Qué manera de quererte, Vivir sin ella, Conciencia, estas últimas compuestas por el panameño Omar Alfanno, autor además de Que alguien me diga, éxito rotundo que mantuvo al salsero por varias semanas en el primer lugar de las listas Billboard. Esa posición reiterada de primer lugar en el hit parade hizo que el músico entrara al libro de récords Guinness como el artista tropical con la mayor cantidad de producciones discográficas números uno.
 
Su debut musical fue a los 24 años, como solista y director de orquesta con el apoyo de la compañía Combo Records del maestro Rafael Ithier y el productor Ralph Cartagena. Aunque se conoce que desde los doce años, Gilberto creó un grupo de aficionados al género tropical. Y dos años después pudo grabar profesionalmente gracias a la invitación de Mario Ortiz.
 
Como intérprete ha recorrido grandes escenarios incluso en el lejano Oriente, en Japón, país que visitó como embajador musical de Puerto Rico en 1995 y donde cantó De cara al viento en japonés. Ha cantado en el Carnegie Hall y el Lincoln Center de  Nueva York, el Teatro Anayansi en Panamá, en el Teresa Carreño de Caracas, entre otros importantes centros culturales.
 
Es ganador de varios Grammy Latino y del Premio Cantante de Salsa del Año en la Isla del Encanto. Además ha cantado junto a grandes exponentes boricuas como Andy Montañez, Olga Tañón, Cheo Feliciano, y Víctor Manuelle.
 
El Caballero de la Salsa reveló su noche perfecta de amor, aquella descrita en Derroche: El reloj de cuerdas suspendido, el teléfono desconectado, en la mesa dos copas de vino y a la noche se le fue la mano... Fue un espectáculo para no olvidar con uno de los más connotados exponentes de un género que goza de una excelente salud. El concierto terminó pasadas las tres de la madrugada. Estuvo lleno de derroches. Si esta no fue una noche perfecta, seguro se le parece.