El Museo Nacional del Prado vuelve a mirar hacia uno de sus genios más enigmáticos con la celebración del Día del Bosco, una cita que, en su tercera edición, se consolida como un espacio imprescindible de reflexión y descubrimiento en torno a la obra de Hieronymus Bosch.
Cada 5 de abril no es una fecha cualquiera: remite a 1474, cuando aparece por primera vez documentado el pintor en un acta notarial en Geffen (Países Bajos).
Desde ese dato histórico, el Prado ha construido una jornada que trasciende la efeméride para invitar al público a redescubrir el universo “bosquiano”, término ya incorporado al lenguaje contemporáneo para describir imaginarios tan inquietantes como fascinantes.
En esta edición, la tecnología ha abierto nuevas puertas de interpretación.
Gracias a la inteligencia artificial desarrollada por Sherpa.ai, aplicada al análisis de El jardín de las delicias, se han identificado con precisión 667 figuras humanas, 771 animales y 45 criaturas híbridas.
Más allá de la cifra, el dato revela la densidad simbólica y la extraordinaria complejidad compositiva de una obra que, siglos después, sigue desafiando la mirada.
Lejos de agotarse en su misterio, El jardín de las delicias se reinventa así ante el espectador contemporáneo: una pintura que no solo se contempla, sino que ahora también se explora, se descompone y se redescubre con herramientas del siglo XXI.
El Prado, en este cruce entre arte y tecnología, reafirma su papel como puente entre la tradición y las nuevas formas de conocimiento, invitando a mirar —una vez más— lo que creíamos haber visto todo.




