La luz normalmente se utiliza para iluminar las obras. En el trabajo de David Magán ocurre justo lo contrario: la luz es la obra. O al menos el material invisible que activa todo lo demás. Esa idea atraviesa Perceptual Axes / Ejes perceptivos, la exposición que Opera Gallery Madrid presenta entre el 8 de mayo y el 20 de junio de 2026 y que funciona como un recorrido por casi una década de investigación en torno al espacio, la transparencia y la percepción visual.
La muestra, primera exposición individual de Magán en la galería madrileña, puede visitarse en el espacio de Opera Gallery en Madrid y reúne cinco series conectadas entre sí: Alice, Binaries, Halos, Installation / Spatial Forms y Structural Constructions. A través de ellas, el artista construye un diálogo continuo entre geometría, materia y luz, donde el espectador deja de ocupar una posición fija y pasa a formar parte activa de la experiencia.
No es casual que esta sea la primera individual de Magán en Opera Gallery Madrid. La galería, fundada en Singapur en 1994 y convertida hoy en una de las redes internacionales más visibles del mercado del arte contemporáneo, lleva años reforzando su presencia en la escena española desde Madrid, incorporando artistas cuya obra se mueve entre la investigación formal y la experiencia sensorial. En ese contexto, la llegada de Magán encaja de manera bastante precisa dentro de una línea donde la geometría, la materia y el espacio dejan de funcionar como elementos separados.
La percepción como experiencia física en la obra de David Magán
Lo más interesante de Perceptual Axes / Ejes perceptivos es que no plantea la percepción como algo puramente visual. Las piezas cambian dependiendo de la posición del espectador, de la incidencia de la luz y de la relación física con el espacio. Mirar deja de ser un acto pasivo. El cuerpo entra en juego.
La exposición permite entender cómo el trabajo de David Magán ha ido desplazándose desde una investigación más objetual hacia una dimensión casi arquitectónica. En Alice, por ejemplo, aparece una referencia explícita a Through the Looking-Glass, de Lewis Carroll. Los espejos y superficies translúcidas funcionan como estructuras de desorientación perceptiva donde el reflejo deja de ser estable.
En Binaries, la luz y la sombra transforman directamente el entorno, convirtiendo paredes y superficies en parte activa de la obra. Mientras tanto, Halos concentra esa investigación en piezas más etéreas, suspendidas entre escultura y fenómeno lumínico.
Pero probablemente es en Installation / Spatial Forms donde la exposición alcanza una escala más envolvente. Las obras flotan mediante sistemas de suspensión casi invisibles y generan una sensación constante de equilibrio inestable. Ahí se entiende bien uno de los intereses centrales de Magán: hacer desaparecer visualmente la estructura para que el espectador perciba únicamente el efecto.
Ese equilibrio entre precisión técnica y experiencia perceptiva no aparece por casualidad. El artista, formado en escultura en madera y metal en la Escuela de Arte La Palma de Madrid, trabaja desde hace años junto a su hermano Kiko Magán, ingeniero y codirector del estudio. Esa colaboración técnica resulta esencial para comprender cómo las piezas consiguen sostenerse entre cálculo, transparencia y ligereza.
El trabajo de David Magán se sitúa en un territorio que conecta con ciertas tradiciones del arte óptico y cinético, aunque evitando el efecto puramente tecnológico o espectacular. Lo que aparece aquí es algo más silencioso: una investigación sobre cómo vemos y sobre cómo el espacio modifica constantemente esa percepción.
La trayectoria del artista ayuda también a entender esa evolución. Sus obras forman parte de colecciones como el Museum Ritter, el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, la Fundación Centro Nacional del Vidrio o el Museo del Vetro de Venecia. Además, recientemente han podido verse en exposiciones como Lo tienes que ver. Autonomía del color en el arte abstracto, presentada en la Fundación Juan March.
En Perceptual Axes / Ejes perceptivos, esa investigación aparece concentrada en torno a una idea bastante precisa: la percepción nunca es fija. Cambia según el lugar que ocupa el cuerpo, la dirección de la luz o el tiempo de observación. Y quizá ahí reside la fuerza de la exposición. No en mostrar objetos, sino en construir situaciones donde mirar implica también desplazarse, reajustarse y volver a ver.
*imagenes cedidas por Opera Gallery Madrid. Autor: Enrique Palacio
