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Creaciones compartidas: juegos visuales para provocar a los indiferentes
09May

Creaciones compartidas: juegos visuales para provocar a los indiferentes

Entrevista con José Manuel Noceda

Por Xenia Reloba y Héctor Bosch

 

En pleno montaje de la muestra colectiva Creaciones compartidas, que agrupa a 19 artistas de once países, conversamos con uno de sus curadores, José Manuel Noceda, sobre los objetivos y particularidades de esta exposición, con sede en el Pabellón Cuba, un espacio recurrente de la Bienal de La Habana.

 

Acerca de esta edificación, recordó que durante la primera convocatoria del evento, en 1984, «se convirtió en una especie de museo temporal, con una estructura de dos pisos para acoger obras sobre todo bidimensionales». Luego fue abandonada durante algunos años, hasta que la Bienal regresó en el 2000 «a este sitio emblemático y muy bien ubicado en el centro de lo que es la ciudad hoy día, y con unos espacios maravillosos, atípicos, pero fabulosos».

 

SegúnNoceda, quien comparte la curaduría de Creaciones compartidas con el joven artista cubano Rewell Altunaga, «la lógica curatorial ha variado en dependencia de los intereses con que se piense el Pabellón en función de la Bienal». En la séptima edición (2000) se trabajó sobre la escala del inmueble, su monumentalidad, y se ubicaron obras que pudieran dialogar con esa estructura. En años sucesivos, puso énfasis en el contexto y la historia de este lugar, «una de las joyas de la arquitectura revolucionaria, pensado para servir de sede a grandes eventos culturales».

 

En cambio, «Creaciones compartidas va por otro camino. Sobre todo trata de estructurar una relación con los usos que tiene hoy el Pabellón, que ha pasado de ser un espacio de grandes sucesos culturales a un ámbito de ferias, de exposiciones, y me parece que esas características le han dado un toque más popular. El público que accede es mucho más diverso y más amplio. Nos estamos montando sobre esos usos y, por otro lado, sobre algunas de las operaciones de comercio cultural que acontecen aquí durante esos eventos.»

 

Las obras

 

A propósito de las piezas que podrán verse en el Pabellón Cuba durante la Oncena Bienal de La Habana, José Manuel Noceda explicó que «tienen un carácter lúdico e interactivo. Básicamente, lo que se encuentre aquí desde el día 13, cuando se inaugura la muestra a las diez de la mañana, necesita de la presencia, la participación del espectador para que se cierre el círculo producción-circulación-consumo». «No hay nada que sea eminentemente retiniano, contemplativo. El artista tiene que entrar a un espacio y ponerse a tono con su sonido ambiental», subrayó.

 

Acerca de la naturaleza diversa de las obras añadió que «algunas de ellas son solamente sonoras, no hay nada físico emplazado en el espacio y se trabaja desde la inmaterialidad del arte. Otras son instalativas, pero también emiten sonidos o incitan al público a llegar, a tocar, a mirar, es decir, a relacionarse desde una perspectiva mucho más próxima, cercana.»

 

«Por eso siempre hablo de que este es uno de los proyectos de la Bienal que intenta romper con esa especie de indiferencia de sectores muy amplios del público en relación con el arte contemporáneo. Porque los va a aproximar desde el juego y la interactividad a estas producciones», enfatizó.

 

Las fronteras de las artes visuales

 

A una pregunta sobre si este proyecto rompe o no las fronteras de las artes visuales, respondió categóricamente: «Todo lo contrario. Como todas las artes visuales, entramos en un radio de acción mucho más abarcador que el que tenían las artes plásticas, sobre todo a partir del desarrollo del video, de los nuevos medios, de la incorporación de la tecnología en función de la expresión artística».

 

«Aquí tenemos obras que justamente trabajan a partir de esas tecnologías, de los formatos digitales, ya no solo de video. No se trata únicamente de ´llegar y proyectar´, sino que una imagen digital se activa a partir de determinados componentes ubicados en el espacio y que registran la presencia del espectador, lo siguen y proyectan esa presencia, tanto a nivel visual como sonoro», explicó refiriéndose al proyecto del cubano Aluan Arguelles.

 

El Caribe y Centroamérica en la Bienal

 

Indagamos sobre la participación de artistas latinoamericanos y caribeños en esta Oncena Bienal de La Habana. «Prefiero referirme al Caribe y Centroamérica», dijo, y señaló que «la presencia de esas regiones ha sido muy significativa dentro de la Bienal».

 

«En los últimos 20 o 25 años se produce una ruptura acelerada en unos y otros con lo que venía aconteciendo en el pasado. Eran territorios culturales dominados por la pintura, el grabado, y en menor medida por la fotografía, pero los artistas —sobre todo los emergentes— le han dado un vuelco total a esas escenas.»

 

«En esta oportunidad la presencia es mucho menor desde el punto de vista numérico, pero son artistas relativamente jóvenes y de primer nivel que gozan de una considerable circulación interregional e internacional, y que responden muy bien a la plataforma curatorial de la Bienal», explicó.

 

Citó el ejemplo del panameño Humberto Vélez como «un referente obligado, justamente por la relación con la esfera pública que está presente de manera sistemática en su trabajo. Un artista centroamericano que vive en Manchester, Inglaterra, y fue un punto clave en nuestras discusiones teóricas a la hora de organizar y pensar en posibles invitados. Nos servía como paradigma en muchas oportunidades.»

 

Mencionó además otro grupo de artistas «igualmente muy interesantes, atractivos, que trabajan con determinados imaginarios populares», entre ellos Jean François Boclé, de Martinica, quien basa su creación en «toda la reflexión poscolonial sobre el Caribe», y Joëlle Ferly, de Guadalupe, que realiza «un tipo de performance relacional e involucra al espectador».

 

«En sentido general —concluyó— es una selección no muy amplia numéricamente hablando, pero sí muy sólida en cuanto a los artistas que hemos invitado.»