“El arte necesita del otro para estar completo”. Con esta certeza, el artista cubano Daniel Barrios se atrevió en Art Madrid con su primera site specific bajo el nombre de “Despiece. Protocolo de mutación”. Formado en Bellas Artes en Cuba y con estudios en dirección de arte para cine en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid, la propuesta de Barrios, protagonista de la tercera edición del programa paralelo Open Booth, no es otra que una invitación a interpelar al espectador ante un escenario distópico y a la vez muy similar a la realidad que habla de finitud, memoria y religiosidad.
La obra, construida a partir de materiales recuperados, técnicas de fresco reinterpretadas y elementos contemporáneos como impresión 3D, representa a los artistas emergentes en la edición 21 de Art Madrid. Se trata de un espacio diseñado sin representación de galería. Para Barrios significa una oportunidad para decir “estoy aquí”, aunque le hace igual de feliz tomarse un café en su estudio en Cuatro Caminos de la capital española conversando de sus obras con el público.
—En Despiece la religiosidad parece ser el hilo conductor de la obra. ¿De dónde surge esa inspiración?
La religión es algo que descubrí hace unos años y que para mí se convirtió literalmente en una forma de vida. Desde entonces mi obra empezó a caminar hacia una reflexión más profunda sobre la finitud del ser humano y sobre la memoria que hay detrás de las cosas.
Vivimos a una velocidad impresionante. Esa reconversión personal me permitió hacer obras más conscientes de nuestra esencia.
Yo creo que no somos simplemente seres que existen, sino seres con una dimensión espiritual muy grande. Mi trabajo intenta hablar de eso: de la memoria, del acto de conciencia de estar vivos en este instante. Por eso me interesa dignificar el rastro pictórico como si fuera un ejercicio mental, casi meditativo.
—La obra combina muchos materiales distintos ¿Cómo fue el proceso de construcción?
En Cuba aprendimos algo muy importante: todo puede servir para hacer arte. Esa mentalidad me ha acompañado durante los 14 años que llevo viviendo en España. Los materiales casi siempre aparecen como solución a un problema.
Cuando empecé a trabajar con publicidad fue porque no tenía dinero para comprar lienzos. Miré a mi alrededor y encontré los carteles de la calle. Luego quise llevar la técnica del fresco clásico a formatos gigantes y empecé a desarrollar una técnica propia que reconfigura los materiales tradicionales añadiendo elementos industriales que aportan más plasticidad.
En este proyecto incorporé, además, una capa nueva de significado: la fe. Recupero la cera de las velas que las personas encienden en las iglesias. Muchas veces se tira, pero yo voy antes y recojo esa parafina. Puede parecer un pequeño expolio, pero en realidad me interesa rescatar la memoria de ese gesto íntimo.
También utilizo lijas de carpintero, mortero de cal, resinas o restos de publicidad. Todo tiene que ver con la memoria detrás de los objetos y con el rastro humano que dejan.
Por primera vez utilicé impresión 3D como parte de la pieza. Tengo formación en creación de espacios para cine y siempre he trabajado con herramientas digitales para diseñar mis pinturas. Pero aquí decidí incorporarlas físicamente.
Mandé a construir un torso en 3D a partir de un archivo del Vaticano del torso del Belvedere. Lo deformé y luego lo cubrí con diez capas muy finas de escayola para crear una especie de piel frágil.
Otro elemento importante es la espuma expandida, que se usa mucho en construcción y me interesó cómo podía transformarse mediante procesos hasta parecer otra cosa. Todo esto busca jugar con las certezas del espectador. Nada es exactamente lo que parece. La obra invita a mirar más allá de la superficie.
—Las imágenes de los frescos parecen fragmentos de espacios arquitectónicos. ¿Están inspiradas en lugares concretos?
En parte sí, aunque también hay mucha imaginación. Me interesa mucho la pintura devocional de Fra Angelico y la pintura metafísica de Giorgio de Chirico.
Ese espacio intermedio entre lo devocional y lo metafísico me fascina.
Son lugares donde parece que algo ha ocurrido o está a punto de suceder. Busco el silencio. Muchos espacios están inspirados en Cuba: interiores con biombos que separan habitaciones, lugares que parecen interior y exterior al mismo tiempo.
La instalación tiene un componente espacial muy marcado.Funciona casi como un estómago matérico. El espectador sale de la planimetría visual y empieza a habitar la obra físicamente. Aparecen dos factores nuevos: la gravedad y el movimiento del visitante. Las piezas están suspendidas con sogas, como si fueran islas. Cada una tiene su significado, pero todas se alimentan entre sí.
