Hay lugares donde el arte no se limita a representar el mundo, sino que intenta comprenderlo. El desierto de Atacama, uno de los territorios más extremos del planeta y también uno de los mejores puntos del mundo para observar el cielo, será el escenario de esa búsqueda.
La residencia Observatorio ISLA ha seleccionado a cuatro mujeres artistas —Luisa Barrera Queupumil, Ana Barrientos Román, Constanza Cuevas Puyol y Catalina González Arancibia— para formar parte de un programa que conecta creación contemporánea y astronomía en la región de Antofagasta.
Impulsada por la Corporación Cultural SACO, en colaboración con ESO Chile, esta iniciativa propone un cruce poco habitual: el arte como herramienta de investigación del universo.
El programa se desarrollará entre noviembre de 2026 y septiembre de 2027 y reunirá a las artistas con especialistas e instituciones que acompañarán sus procesos. Además, contempla la posibilidad de visitar algunos de los observatorios más importantes del país, como ALMA o Paranal, espacios donde la ciencia explora el cielo con precisión, pero que aquí se abren también a la interpretación artística.
Cuatro formas de mirar el cielo desde la tierra
La selección, realizada entre casi 40 postulaciones, responde a una diversidad de trayectorias y enfoques. No se trata de encontrar una mirada común, sino de permitir que distintas formas de pensar el arte dialoguen con un mismo territorio.
El trabajo de Luisa Barrera Queupumil, de Villarrica/Loncoche, se centra en la materia como archivo. Su propuesta, Tornar piedras al cielo, investiga el comportamiento de elementos como rocas y polvo, entendidos como cuerpos en movimiento que conectan el suelo con dinámicas que trascienden lo humano.
Desde el dibujo y la exploración del paisaje nocturno, Ana Barrientos Román, de Valparaíso, sitúa la oscuridad en el centro de su investigación. En Dibujar desde lo oscuro, se acerca a fenómenos como las nebulosas oscuras y a la percepción sensorial de aquello que no siempre es visible.
La propuesta de Constanza Cuevas Puyol, arquitecta de Santiago, articula una relación entre territorio, arquitectura y astronomía. Su proyecto, Sombras celestes: Percepción de formas en las nebulosas oscuras del Mayu según la cosmovisión Likan Antai, explora cómo las culturas han observado el cielo y cómo esas relaciones se inscriben en el paisaje.
Por su parte, Catalina González Arancibia, artista visual de Concón, trabaja desde la instalación y el cruce de medios. Su propuesta, Mis cuerdas, aborda el paisaje como un sistema de relaciones entre materia, luz y sonido, inspirada en el observatorio ALMA y en las posibilidades de traducir lo invisible a través de la experiencia.
Un laboratorio entre arte, ciencia y territorio
Observatorio ISLA se estructura en dos etapas. La primera corresponde a una residencia de trabajo de campo en el norte de Chile, donde las artistas desarrollarán sus investigaciones en contacto directo con el territorio y con el acompañamiento de expertos.
La segunda culminará con la presentación de los resultados en la próxima edición de SACO1.3, la Bienal de Arte Contemporáneo SACO, que tendrá lugar el próximo año y que, de manera inédita, sumará una sede en Taltal.
El proyecto forma parte del Concurso Regional 2025 del Comité Mixto ESO-Gobierno de Chile, con el impulso y financiamiento de ESO y el apoyo del Gobierno de Chile y de los Gobiernos Regionales de Antofagasta y Coquimbo.
Más allá de su estructura, la residencia plantea una cuestión de fondo: cómo traducir el conocimiento científico a lenguajes sensibles y cómo el arte puede abrir nuevas formas de relación con el entorno.
En ese sentido, el desierto de Atacama no es solo un escenario, sino un agente activo. Su escala, su luz y su silencio obligan a replantear la forma de mirar. Y es en ese espacio, entre la observación y la experiencia, donde el arte deja de ser representación para convertirse en una forma de investigación.
No hay respuestas inmediatas en este tipo de procesos. Lo que hay es tiempo, desplazamiento y una pregunta compartida: qué ocurre cuando el arte mira al cielo no para inspirarse, sino para entenderlo.
