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MAFIZ y el Festival de Málaga: una vitrina para el Cine cubano
19March

MAFIZ y el Festival de Málaga: una vitrina para el Cine cubano

Texto y fotos: Yordanis Ricardo Pupo

Durante el recién culminado Festival de Málaga tuvo lugar el “Industry Club”, como parte de MAFIZ, espacio dedicado al área de industria en el que este año participaron más de 1.600 profesionales de 53 naciones. Entre ellos estuvieron representantes del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). En ese contexto, conversamos con Yanín Martínez Guillén, vicepresidenta del ICAIC. 

¿Por qué es tan importante para Cuba estar aquí?

Para cualquier instituto que produce cine en estos momentos es muy importante hacerse ver. Estos espacios son vitrinas de lo que se hace en cada uno de los países. Y MAFIZ abre un mundo de intercambios entre distribuidores y productores. Aquí se encuentran muchas oportunidades para el negocio de la cinematografía en el mundo entero, y especialmente en Iberoamérica.

¿Se han conseguido los objetivos? ¿Cómo han ido los negocios?

Sí, han sido jornadas intensas con productores, sobre todo jóvenes que están apostando por rodar allí. Hay mucha gente que no se quiere perder Cuba, que han creado historias que no se pueden llevar a otro escenario. Y nos llama muchísimo la atención que, a pesar de la situación que existe, hay productores que siguen apostando por nuestra riqueza cultural. 

¿Qué ofrece el ICAIC a los cineastas extranjeros que quieren filmar en Cuba?

El Instituto, además de tener una personalidad jurídica que le permite producir su propia cinematografía y tener sus propios intereses en contenido, también apuesta por vincularse con el cine independiente. Existen en estos momentos 75 productoras independientes inscritas en el Registro del Creador, que abren un amplio espectro a las posibilidades de coproducciones de servicios en la isla.

Tenemos renta de equipamiento, tenemos productoras especializadas en scouting, en desarrollo de proyectos directamente en la producción, muy capacitadas porque en Cuba hay escuelas que forman especialidades dentro del audiovisual y, además, la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, que ha formado a disímiles productores, directores, guionistas en el mundo entero.

Se ha mencionado que Cuba cuenta con la tecnología necesaria para que los cineastas no tengan que importarla al rodar allí ¿Cómo funciona esto en la práctica y qué tipo de equipamiento y servicios están disponibles para proyectos de distintas escalas?

El ICAIC propiamente no la tiene, pero si las productoras de las que hemos hablado antes. Esto permite la renta de equipamiento con estándares internacionales. También tenemos convenios firmados con México que nos permite tener en la isla tecnología de alto estándar en solo 24 horas. Además, hay empresas que brindan servicios de renta de equipamiento, sin necesidad de transportarla desde otros lugares, apta para cualquier tipo de proyecto, de la envergadura que sea. 

 ¿Cómo apoya el ICAIC a las producciones nacionales?

Existe el Fondo de Fomento para el Cine Cubano, que apoya proyectos en diferentes momentos de desarrollo: guión, desarrollo propiamente, producción, óperas primas, postproducción, distribución… 

Esto es para los productores cubanos. Ahora, para coproducciones internacionales, estas escriben directamente al Instituto de manera personal o a través de una productora independiente, que es quien respalda el rodaje en la isla. Casi siempre abogamos por eso, para que tengan mayor oportunidad de trabajo tanto los especialistas nuestros como seguridad para los extranjeros que apuestan por venir a la isla a rodar.

Básicamente, la oportunidad de coproducción está abierta todo el año. Solo hay que presentar el proyecto, se revisan las posibilidades que tiene y se aprueba o no por un comité que existe en el Instituto. Porque, repito, tenemos capacidad jurídica y de financiación para producir.

¿Qué porciento del éxito de “Neurótica anónima” corresponde al ICAIC?

Neurótica fue un proyecto que nos llegó después de haber pasado por varios momentos. Fue una obra de teatro original de Mirtha Ibarra. Luego, su guión pasó por el Fondo de Fomento, aunque al final no se pudo producir. Después, la versión para cine que hizo Jorge Perugorría llega a la Oficina de Atención a la Producción y a la Presidencia, y nos proponemos hacerlo realidad; en unos años en que se necesitaba un cine de autor que defendiera al cine como institución y los espacios para ver cine, que se defendiera y que se hiciera una crítica y una autocrítica para lograr que los gobiernos –no solo el cubano, porque era un fenómeno que estaba ocurriendo en toda Latinoamérica y parte del mundo-, defendieran la idea de que el cine no se puede dejar de atender.

Empezamos a buscar financiamiento y conseguimos un coproductor mexicano. Rodamos en tiempos muy complejos y la película se terminó con una postproducción en México con Ítaca Films, una productora asentada allí que ha tenido otros proyectos con Cuba (este es el décimo). Y después de haber participado y ser seleccionada en el Festival de La Habana, donde fue su estreno, llega a Málaga en la sección oficial de películas iberoamericanas a concurso.

¿Cómo fue el 2025 para el cine nacional?

El 2025 fue el año de cerrar proyectos, de lograr terminarlos. Este nuevo equipo de dirección empezó a finales de 2023 en el Instituto. Había que reactivar la industria, empezar a rodar nuevos proyectos… Y lo logramos con alianzas entre las productoras independientes y la empresa estatal socialista; en ese caso con la Televisión Nacional. Apostamos por nuevos proyectos y logramos que muchas coproducciones fueran tripartitas: que estuviese el Estado (a través del ICAIC), la producción independiente y un ente coproductor internacional.

Todo eso ocurrió en 2024 y al año siguiente logramos tener 12 largometrajes terminados, entre documentales y ficciones. También cerramos una serie cinematográfica, que ha tenido mucho éxito a nivel nacional: Ruta ADN Cuba, de Alejandro Gil.

¿Y de qué hablan los cineastas cubanos en las películas de hoy?

Tenemos un abanico de temáticas y contenidos que se han llevado a la pantalla y eso es lo más rico que tiene esta oleada, tanto de jóvenes cineastas como de los más experimentados. Hemos logrado hacer largometrajes que tocan temas sociales, que hacen crítica a la realidad en la que estamos viviendo; historias basadas en hechos reales, historias de amor y otras maneras de contar los diversos estilos de amar (“Cinco historias de amor y un bolerón desesperado”, de Arturo Santana, por ejemplo) o del amor al cine, del deseo de que el cine no cierre de “Neurótica anónima”, que hace además una crítica social muy necesaria.

“Baracoa”, de Luis Ernesto Doñas, un retorno a la semilla a través del recorrido que hace el personaje a la primera villa fundada en Cuba; o “Calle 232”, de Rudy Mora, sobre la dura faena de los cuidadores –una temática muy actual, en América sobre todo, un continente que está envejeciendo y en el que la emigración está dejando a los ancianos más solos-. También documentales, como el del pentacampeón olímpico Mijaín López, un largo que está teniendo un recorrido internacional satisfactorio. 

Realmente la alianza que se logra tener entre el Estado y el independiente y un coproductor internacional da más fuerza a la hora de hablar de cinematografía. Trabajar solos no es una opción ahora mismo y eso el ICAIC lo tiene muy claro, por eso logramos que se entrelacen las fuerzas para lograr que las películas se terminen.