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A CUATRO MANOS (Reinerio Tamayo y Eulises Niebla)
06October

A CUATRO MANOS (Reinerio Tamayo y Eulises Niebla)

Una de las obras más impactantes y simbólicas de la última edición de la Bienal de La Habana fue, sin duda alguna, “El buque petrolero” de los artistas Reinerio Tamayo (Niquero, 1968) y Eulises Niebla (Matanzas, 1963). La obra pretende reflexionar sobre algunos aspectos de la globalización como símbolo de la distribución de energía en el planeta, acerca de la lucha de poderes entre las grandes potencias, la manera en que las empresas transnacionales engullen a los países del tercer mundo y los desastres ecológicos cada vez más frecuentes.

El oro negro ha sido la principal causa de los últimos conflictos bélicos y su precio rige las cotas del mercado mundial. El “buque” tiene la forma ondulada de una serpiente que fortalece el uso de la línea curva y dinámica, terminado con un acabado perfecto, lo que demuestra la maestría de los autores en una obra compleja por su tamaño (hasta siete metros de largo), y por los materiales utilizados.

A Reinerio Tamayo lo conocemos muy bien. Sólo basta una primera mirada para identificarnos con su mundo pictórico, en principio porque sus imágenes son representativas de todo el camino recorrido por la historia del arte. Su pintura participa de ese espíritu apropiador y desconstructor de una parte del arte cubano actual, sólo que en el caso de este autor esas modulaciones y esos diálogos están perfectamente integrados a una estética incorporativa que disuelve todas las influencias, los calcos y los estilos para fundar una perspectiva propia, en la cual ya no es visible ninguna marca de escuela o tradición, sino la personalidad del artista.

En ese tipo de arte conviven, la pintura clásica europea, las vanguardias, el pop, el comic, el grabado japonés, en un juego simbiótico en el cual se anulan las épocas, los estilos, para ofrecernos una fiesta de la imaginación y una interpretación muy precisa del mundo cubano y de la vida contemporánea.

Su paso a una obra volumétrica podría sorprender a muchos, pero lo cierto es que Tamayo está en constante evolución y es un artista muy inquieto que busca por todos los medios transmitirnos ese mundo interior tan rico de imaginación; él ha experimentado todos los tipos de materiales y ya desde la etapa de estudiante sentía una inclinación hacia la escultura.

Una de sus primeras obras volumétricas que tuvo contacto con el público cubano fue “El viaje de los dioses al infinito” que formó parte de la exposición colectiva Maneras de inventarse una sonrisa durante la octava bienal de La Habana. Realizada con la ayuda de Pol Chaviano, contaba con siete piezas, cada una formada por una nave identificativa de un orisha del panteón yoruba.

En la novena bienal sorprende a todos con “Taxitiburón”, obra con una gran carga semántica que no gozó de una ubicación privilegiada, ya que necesitaba abrirse paso en las calles de la ciudad. Y uno de los “refrigeradores”, junto con Rubén Alpízar, que conformaron la muestra colateral Manual de instrucciones, en el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Escultura Monumentaria (CENCREM).

Por su parte a Eulises Niebla, graduado del Instituto Superior de Arte en el año 1989, autor de una vastísima obra en nuestro contorno, se le reconoce como uno de los escultores más laureados en la última década. Ha realizado innumerables exposiciones colectivas y personales y su obra escultórica, de trascendencia nacional e internacional, se encuentra ubicada en diferentes espacios del país y sobre todo de la ciudad balneario de Varadero.

Dueño de una obra generalmente no figurativa pero con una gran carga de espiritualidad. Otro signo recurrente en su poética es la unión de significantes y el diálogo de opuestos, el reto del manejo de los metales pesados, voluminosos, para expresar líneas aerodinámicas relativas a los retos del hombre y los códigos de la modernidad. Sus obras iniciales parten del concepto de la escultura ambiental, y establecen un diálogo con el entorno y con los transeúntes. Algo presente en todas sus obras es la impecable factura y la limpieza de los contornos que da el ejercicio diario de la técnica escultórica.

Este buque petrolero no es el primer trabajo que realizan juntos; ya hicieron algunas variaciones de la obra “La lámpara maravillosa”, durante la exposición personal de Reinerio Tamayo Magma mia!!!, en la Galería Villa Manuela, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

La colaboración entre estos artistas ha crecido en el último año y ya están preparando su primera exposición personal en la propia Galería de la UNEAC, convertida desde hace unos años en unas de las más activas e influyentes dentro de la visualidad artística nacional.

Esta exposición da continuidad a un proyecto colectivo que se realizará en Galería Habana durante mayo y junio de 2010. Proyecto que consiste en la realización de una exposición colectiva de acuarelas, pero no acuarelas como obra en sí, sino piezas que funcionen como ideas previas de propuestas artísticas tridimensionales por ejecutar.

Las obras abordarán el tema belicista y su repercusión en la actitud de las personas. Acorazados, armamentos modernos, blindados, en una simbiosis con objetos y máquinas propias de la vida cotidiana de los individuos. Así veremos coches de niños blindados, cruceros de placer acorazados, las ya conocidas lámparas submarinos, pistolas como reemplazo del hombre. Todo producto de los constantes conflictos bélicos y de la violencia del hombre por el hombre, invadiendo nuestros hogares a través del indetenible alcance de los medios de comunicación.

Los creadores no están ajenos al fenómeno universal que representa la guerra, y actúan de modo desafiante ante el contexto actual que afronta la humanidad. Aunque falte todavía tiempo para ver hecha realidad estas nuevas obras estamos seguros de que conmoverán y asombrarán a todos en esta nueva etapa de trabajo conjunto de ambos artistas, con un resultado definitivamente valioso para los amantes de un arte inteligente y exquisito técnicamente.

Al decir del propio Tamayo: “trabajo con Eulises porque es mi amigo, él es escultor y yo soy pintor, compartimos ideas y hay cosas que él puede hacer escultóricamente que yo no puedo, vivimos una rica experiencia. Me gusta trabajar a cuatro manos”.

Septiembre 2009